apuntes del Gran Chaco (2)

Antes de estar ahí sentado por horas, cubriendo completamente mi cuerpo con ropa, a excepción de las manos y la franja en la cara que contiene mis ojos, para evitar las picaduras de insectos o reducirlas en número, apenas sospecho la diversidad de colores y cantos pasibles de ser observados al borde de una pequeña aguada que se evapora lentamente, en plena estación seca, en lo profundo del Chaco Boreal.

Aguada en el Parque Nacional Teniente Enciso

Con todo gusto podría soportar el intenso calor nuevamente para estar inmerso en ese documental en tres dimensiones, cargado de potentes aromas, de estímulos permanentes. Volvería infinitas veces, seguro de encontrarme con algo nuevo en cada ocasión.

Si no obtuve mejores resultados con la cámara se debe principalmente a mis propias limitaciones, a no haber montado escondite alguno y a confiar simplemente en el camuflaje de una camiseta militar que compré en São Borja hace algunos años.

Chaco Seco

Como por un tunel hacia una realidad paralela, así se entra al bosque seco

En primer lugar es imposible pasar por alto a los cuervos, como les llamamos a los buitres americanos en buena parte del cono sur.   Su numerosa presencia significa que hay abundante carroña que limpiar en los alrededores.  Eso a su vez quiere decir que hay mucha vida y, por lo tanto, mucha muerte. Luego más vida, otra vez muerte y así sucesivamente, dando forma y contenido al Chaco.

Cathartes aura

Cuervo de Cabeza Colorada, Yryvu aka virai (Cathartes aura)

Cathartes aura

¡He leído y escuchado tantos nombres comunes para estos buitres!  Gallinazo llamó un amigo colombiano al de cabeza negra.  Zopilote, le dijo un mexicano.  Jote, un argentino. Me referí a ellos como Urubú mientras estuve en Brasil y aprendí que esta palabra provenía del guaraní yryvyu, en Paraguay.

Coragyps atratus

Cuervo Negro, Yryvu hû (Coragyps atratus)

A estas dos especies y también al cuervo de cabeza amarilla, los conocía muy bien de Uruguay. No así al siguiente, que lo había visto dos veces, lamentablemente en jaula, una en Formosa y otra en Alto Paraná. Por eso, primero observarlo describir círculos a gran altura, luciendo su impecable plumaje blanco, y descender luego sobre una rama pelada permitiéndome apreciar su enorme tamaño junto a los otros cuervos, fue un espectáculo inolvidable.  El Cuervo Real, actúa como un rey. Come primero que ningún otro, hasta saciarse. Sólo después los demás se suman al banquete cuando se trata de los despojos de un animal grande.

Sarcoramphus papa

Cóndor de la Selva, Cuervo Real, Yryvu Ruvicha (Sarcoramphus papa)

Sarcoramphus papa

Aunque para mí es un bicho magnífico, entiendo que no es esteticamente agradable para todo el mundo. Si a su aspecto le agregamos un par de comportamientos que voy a contarles, supongo que tendrá menos adeptos aún.  Practica la urohidrosis, que consiste en impregnar las escamas de sus patas con sus deyecciones para refrescarse y tiene como mecanismo de defensa la regurgitación del contenido de su buche, con un olor fétido que puede irritar las mucosas de posibles enemigos, y que también lo aliviana para emprender el vuelo.  Es un maestro de las corrientes térmicas cuando planea a gran altura, pero despegar no es tan fácil con su pesada masa corporal.

Sarcoramphus papa

¡Vaya honor! Su magestad regurgita para mí.

Llegar a adulto en la naturaleza es sabido que no es algo que todos los individuos consigan. Existe una paz sangrienta, una sucesión de disturbios produciendo un equilibrio que puede resultarnos cruel, pero la vida silvestre carece de moral y sus acontecimientos no pueden por tanto entedenerse a través de tales códigos.  Para que el Cuervo Real luzca sus plumas blancas y sus coloridas carúnculas, deberá sobrevivir como pichón en el nido a los ofidios y otros predadores capaces de comerlo. Durante su etapa como juvenil tendrá que evitar caer entre las garras y dientes de un carnívoro mientras se alimenta en el suelo y, si la suerte lo acompaña, se convertirá en un ave exitosa y enorme, que buscará una pareja con la cual aparearse para volver a comenzar el ciclo, imprimiendo sus características propias en la descendencia.

Un juvenil de Cuervo Real, con su plumaje inmaduro.

A pocos metros de la aguada me encuentro con este paisaje que sugiere ser yermo, pero incontables rastros delatan la actividad de mamíferos que rascan y lamen las sales del suelo para incorporar minerales a su dieta. Sin duda, allí suceden muchos eventos que involucran animales fascinantes.

Chaco Seco

Peladal Chaqueño

Vuelvo todos los días durante la estadía en aquel sitio, e incluso de noche, aprovechando la luna nueva para observar la Vía Láctea.  Si no encuentro tapires en la tierra, quizás pueda verlos recorrer su camino en el cielo.

La Vía Láctea sobre el P.N. Enciso


Avanzando por el sendero, a menudo me cruzo con las Seriemas.  No son las que he visto tantas veces, sino las de patas negras, la otra especie viviente de la familia Cariamidae.  Incluso en una ocasión, una se acerca a mi hamaca con curiosidad y la puedo ver desde muy cerquita hasta que se decide a seguir su camino.

Chunga burmeisteri

Seriema, Chuña o Saría de Patas Negras, Sarĩa hũ (Chunga burmeisteri)

Cada amanecer las escucho vocalizar a duo, o entre más individuos, y pienso en el antiguo linaje de estas cazadoras a nivel del suelo, veloces corredoras, tan rústicas y eficientes, que han llegado hasta nuestros días. Me siento privilegiado de estar junto a ellas y poder enfocarlas tantas veces.

  Vocalización de Chunga burmeisteri

Chunga burmeisteri

Chunga burmeisteri

Chunga burmeisteri


De nuevo en la aguada, me acomodo en el suelo, intentando no provocar ruidos.

Minutos después, las aves comienzan a aparcer frente a mi vista.  El primero es el Benteveo, que tiene comida en abundacia porque le sobran invertebrados que cazar en el agua y en el aire. Distribuido por casi todo el neotrópico, es común y conocido dentro de las ciudades, adaptado a diversos climas y oportunista en su alimentación que incluye también pequeños vertebrados y frutos.

Pitangus sulphuratus

Benteveo, Pitogüé (Pitangus sulphuratus)

Miembro de la familia de los tiránidos como el anterior, pero con ocurrencia restringida a poco más que el Chaco, la siguiente ave, delicada y esbelta, se mostró confiada perchando a pocos metros del lente. Me refiero a una hembra de Viudita Chaqueña, porque el macho apenas se mostró entre las ramitas y no me dio chance de una foto que lo retrate como hubiera querido.

Knipolegus striaticeps

Vuidita Chaqueña, Chõcho (Knipolegus striaticeps)

Knipolegus striaticeps


Siguiendo con los que cazan insectos al vuelo, nuevamente el Churrinche se me presenta en el Chaco.  Esta vez tiene el plumaje de macho adulto completo, brillante.   Imposible no ver al guyra tata, pájaro de fuego, ágil manchita roja reluciente que se lanza al aire y vuelve a su percha.

Pyrocephalus rubinus

Churrinche, Guyra Tata (Pyrocephalus rubinus)

Tyrannidae es la familia más extensa entre los pájaros sudamericanos.  Es diversa y maravillosa, pero en muchos casos es difícil diferenciar entre una especie y otra solo viéndolos. Su vocalización suele tener caracter diagnóstico dentro de algunos géneros. Myiarchus está entre los complicados. Tanto que en guaraní el nombre Choperu se aplica para tres especies diferentes, pero similares.  Aún así, luego de consultar bastante, me arriesgo a decir que el siguiente Burlisto, que me dio un gran show de caza en el que parecía burlarse de la ley de gravedad, se trata de Myiarchus swainsoni.

Burlisto Pico Canela, Choperu (Myiarchus swainsoni)

Con vuelos no menos espectaculares que el anterior, el Tuquito Gris también hizo lo suyo.

Tuquito Gris, Suiriri hũ (Empidonomus aurantioatrocristatus o Griseotyrannus aurantioatrocristatus, para otros autores)

Mención especial para la pequeña Mosqueta de Ojo Dorado, veloz y escurridiza pero que se deja enfocar bastante bien. Perteneciente al amplio género Hemitriccus, tiene muchos nombres comunes en donde habita, entre los que me simpatiza que en guaraní se la llame Ñakyrã’i, que entiendo que significa cigarrita o chicharrita.  La vi desde el extemo sur de Paraguay hasta el Chaco Seco, registrada en la siguiente foto, pero también en Argentina.  Verla en Uruguay me llevó más tiempo, lo que ocurrió en el departamento de Artigas, recientemente.

Mosqueta de Ojo Dorado, Ñakyrã’i (Hemitriccus margaritaceiventer)

Cambiamos rápidamente de familia de aves y nos vamos con los ictéridos, de entre los cuales tres especies se manifestaron sin faltar un día, en aquella aguada.  Primero el más chiquito y nervioso, Boyerín o Boyerito, que dudó largamente antes de bajar a beber junto a un hombre sentado de piernas cruzadas, pero como otros que voy a mostrarles, no pudo evitarlo en aquel sofocante clima.  De plumaje negro y lustroso, destaca la mancha de color en su hombro, más amarilla, más colorada o rufa, según el individuo y la localidad.

Boyerito, Turpial Variable, Guyraũmi (Icterus pyrrhopterus)

El siguiente, bastante más voluminoso, domina el tejido en fibras vegetales con los que confecciona sus nidos colgantes, con sorprendente habilidad.  Maravillosas también son sus variadas vocalizaciones que pueden sonar tanto como maullidos o como armoniosos cantos.  El Boyero Negro, Pico Hueso o Cacique Solitario, me ha honrado con su aparición y despliegue además de en el Chaco, en lugares tan diversos como el departamento de Canelones en Uruguay, los Esteros del Iberá en Corrientes, y el Pantanal.  La pareja de la siguiente foto no tuvo reparo en alertarme de que estaban llegando cada vez que lo hacían, con su compleja música.

Boyero Negro, Cacique Solitario, Guyraũ chore (Cacicus solitarius)

El que dejé para el final es un cantante destacado también, pero quizás el premio se lo lleva su belleza estética.  A diferencia de los anteriores donde predomina el color negro, a veces con reflejo azulado, en el Matico brilla el anaranjado que lo hace perceptible visualmente a varios metros.  Además es un acróbata entre troncos de árboles y plantas trepadoras. Como aguanté la emoción sólo festejando dentro de mi mente, me pude llevar una colección de fotos de esta elegante pareja.

Matico, Choe (Icterus croconotus)

Icterus croconotus

A modo de anécdota, les cuento que a este pájaro lo conocí primero por su nombre común en portugués, pero no fue en Brasil, sino sobre el Río Negro que es la frontera entre Paraguay y Bolivia en enero de 2017.  Estaba dando una caminata por la huerta de don Medina, ubicada a unos 50km aguas arriba de Bahía Negra y me había detenido a ver una Charata que sin pudor estaba comiendo fruta en una planta de mamón.  Me puse a filmarla con la cámara que tenía en ese momento y por el rabillo del ojo vi un plumaje naranja que se acercaba. Paré de filmar pensando, dale, vení, quiero ver quién sos. Creo que tuve mucha suerte porque un Matico perchó en el mismo árbol y también se dio una panzada dulce y tropical.   Luego le mostré el video a don Asterio, guardaparque paraguayo y gran compañero, que al verlo simplemente dijo: João-pintoAquí les dejo aquella grabación, en la que disputa el alimento con algunos Chopí, que también son ictéridos, y regreso a la línea del relato en el que estábamos.

Icterus croconotus


Ya escribí varias veces en otros post sobre el Hornero, su particular nido y lo fácil que es verlo incluso en muchas ciudades de la región. Pero nuestro Furnarius rufus no es el único furnárido ni todos sus familiares construyen con barro. Sí lo hace su congénere de menor tamaño, el Hornerito Copetón o Chaqueño y también el Albañil por ejemplo, pero no la enorme mayoría de los demás, que utilizan ramitas espinosas y otros materiales.  Se trata de una Familia muy exitosa en Centro y Sudamérica por haberse adaptado a todas condiciones de vida y ambientes existentes, hasta el extemo sur patagónico.

Furnarius cristatus

Hornerito Copetón, Ogaraity Cháko (Furnarius cristatus)

El Corredor Crestudo era un bichito que tenía muchas ganas de ver cerca, porque sólo lo había conseguido posado por unos instantes.  Lo que no me imáginaba era que en el sitio en el que estaba, observarlo a gusto tendría la misma dificultad que la que reporta un gorrión en una plaza.  Estaban literalmente por todos lados, algunos acarreando palitos para sus plataformas y otros ya incubando.

Coryphistera alaudina

Corredor Crestudo, Copetón, Espinero Crestudo, Gũiriri (Coryphistera alaudina)

Coryphistera alaudina

Coryphistera alaudina


Atareado en las mismas actividades, sin inquietarse mayormente, andaba el Caserote Castaño, que no le veía desde aquella vez en Paso de los Toros, donde lo conocemos justamente como Hornerón. ¡Qué lindo verte de nuevo, loco!

Hornerón, Caserote Castaño, Cachalote Castaño (Pseudoseisura lophotes)

Por último y para tratar de meterle ritmo a esta secuencia de avistamientos, la Familia Furnariidae incluye a la Subfamilia Dendrocolaptinae, donde están algunas de mis aves favoritas que son los Trepadores, Chincheros o Trepatroncos.  El larguísimo pico curvo del siguiente me parece una muestra de especialización digna de ser usada como ejemplo al momento de intentar explicar la adaptación de un rasgo morfológico.  Con ustedes, el Picapalo Colorado Grande, un fenómeno.

Campylorhamphus trochilirostris

Picapalo Colorado Grande, Arapasu juru karapã (Campylorhamphus trochilirostris)

Este amigo no sólo sabe subir verticalmente por un tronco, dándole vueltas, sino que poseé la herramienta precisa para extraer los invertebrados que se ocultan detras de la corteza.  En Los Tres Gigantes había tenido oportunidad de sacarle bastantes fotos que quizás más adelante organice para contar algo más de aquellos días.


En los apuntes anteriores me referí a un ave de la Familia Thamnophilidae, especialmente rara por encontrarse en lugares de difícil acceso como puede ser el macizo Cerro León.  En esta aguada había otras dos especies mucho más comunes aunque no por ello menos atractivas.  Los vi alimentándose de artrópodos en las ramas y en el suelo.  Con vocalizaciones inconfundibles ambos, me refiero al Batará Plomizo y al Chororó.  Sólo avisté individuos machos en esta oportunidad, lo que es fácil de afirmar porque el dicromatismo sexual es muy evidente. Podría pensar que esto se debió a que en plena época de cría, la hembra estaría en el nido, pero afirmar eso sería un error sabiendo que en los dos casos, machos y hembras rotan en la incubación.

Taraba major

Chororó, Batará Mayor (Taraba major)

Taraba major

Taraba major

Taraba major


Thamnophilus caerulescens

Batará Plomizo, Choca Común, Viro’o guasu (Thamnophilus caerulescens)

Este último también se conoce como Batará Variable, por presentar variaciones en el plumaje entre individuos, algo que corroboré al observar algunos en Uruguay y otros en Paraguay.  El de la foto, por el área en la que me encontraba, posiblemente sea de la subespecie paraguayensis.    Como ha pasado con un montón de organismos en tiempo reciente, quizás más adelante algunas subespecies empiecen a ser consideradas como especies diferentes, en la medida que se encuentren argumentos para determinar tal cosa, mediante la aplicación de tecnología ahora disponible y de la voluntad de los taxónomos.


Nos vamos entonces a enumerar algunos tráupidos, pájaros que conquistaron desde México hasta el extremo sur de Argentina y que tienen exponentes con combinaciones de colores únicas, pricipalmente los que habitan en las selvas del continente.  Empiezo con el Pepitero Chico que lo vi bajar a beber en ocaciones junto al Brasita de Fuego.

Pepitero Chico, Viravira (Saltatricula multicolor)

Brasita de Fuego, Guyra pytã’i (Coryphospingus cucullatus)

En la familia de los anteriores tenemos a uno bien común de toda la región central de Sudamérica, especialmente de espacios abiertos como pastizales y humedales, pero también de los bordes de montes e incluso de plazas y parques urbanos.  Facilmente reconocible, estoy hablando del Cardenal.

Paroaria coronata

Cardenal, Guyratiri (Paroaria coronata)

Si el Cardenal es un ave común y abundante que se expone a nuestra vista, el Soldadito es todo lo contrario.  Por eso me alegré de que hubiera unos cuantos dando vueltas por allí.

Soldadito (Lophospingus pusillus)


Representando a los cardinálidos, otra familia, en esta selección diversa que me acompañó alegremente, estuvo siempre en la vuelta una pareja de Fuegueros. El macho de rabioso color rojo se mantuvo distante y casi permanentemente en el dosel, pero la hembra, que es amarilla, se me acercó sin demostrar miedo alguno.

Piranga flava

Fueguera, Tie piranga (Piranga flava)

El bullicio que se generaba cada vez que las aves volvían a acostumbrarse a que estuviera allí, se detenía repentinamente ante la llegada de un predador muy eficiente y temible para aquellos pequeños seres.  El Águila Colorada traía consigo su elegancia enmudecedora.

Buteogallus meridionalis

Aguila Colorada, Taguato pytã (Buteogallus meridionalis)

Similar efecto era causado por el siguiente Gavilán, que se conoce con un montón de nombres distintos, entre los que cito algunos.

Rupornis magnirostris

Gavilán Común, Gavilán Pollero, Aguililla Caminera, Taguato, Yndaje (Rupornis magnirostris)

A estas rapaces y a otras que aparecieron allí, creo que poco les importa si los vertebrados que son sus presas, tienen sangre caliente o fría, si tienen escamas, plumas o pelo.  Ser muchos y diversos es una ventaja considerable para aquel individuo que no acabó aún en las garras de un águila. Por ende lo es también para sus hijos e hijas.

Terminado el descanso, con o sin éxito para los cazadores, la vida paulatinamente vuelve a ser ruidosa y colorida, como si nada hubiese sucedido.  Así es que las urracas, barra brava del monte que alertan a todos los demás cuando se percatan de que por allí merodean hambrientos, un zorro, un felino o una serpiente, se deciden a saciar su sed a la vista de quien las mire.

Cyanocorax chrysops

Urraca común, Aka’ẽ para (Cyanocorax chrysops)

Y como no hay duro que no se ablande, poco después el Juan Chiviro deja de ser un canto potente y repetitivo en las sombras para entregarse al último charco con el líquido elemento que lo alivie y regenere, posándose a mi lado como si fuera manso y hasta simpático.

Cyclarhis gujanensis

Juan Chiviro, Chivíro (Cyclarhis gujanensis)

No le creo nada. Lo vi comer orugas pero también sé que preda sobre los huevos y pichones de otras aves, lo que lo hace un indeseable para muchos vecinos que celosamente crían a sus vástagos en los nidos mas variados en cuanto a materiales y técnicas. Pero mis palabras deben entenderse como una broma. En la naturaleza cada cual come lo que puede, aquello junto a lo que evoluciona, y se esfuerza en conseguirlo como un fin que no repara en medios para obtenerse.   De nuevo, la hipocrecía es patrimonio de la condición humana, Juan Chiviro es Juan Chiviro, un águila es una águila y un cuervo es un cuervo.

Cyclarhis gujanensis


Para cerrar mi catálogo por hoy, voy con mi preferido de esta lista.  Antes de mis primeras incursiones al Chaco lo miraba en las guías, en fotos de algunos maestros, leía sobre él y deseaba encontrarlo, pero jamás pensé que infundía tanta tranquilidad, tanta calma.  Los bucónidos son un grupo de aves que no formaron parte de mi infancia, porque no ocurren donde nací.  Pero son varios y, uno a uno, fui encontrándome con los que habitan el Paraguay.

Nystalus striatipectus

Durmilí, Chakuru Para (Nystalus striatipectus)

El Durmilí es el Chaco. Puede pasar largo rato quieto, casi inmóvil como si nada lo perturbara. Pero está observando todo. Su virtud es esperar. De él aprendo mucho y lo admiro.

Nystalus striatipectus

Nos conocimos personalmente en Cañada el Carmen en abril 2018, de la siguiente manera.  Aquel fuego sin piedad que es el sol a pocos km de la frontera con Bolivia, nos mantenía sitiados a la sombra del rancho a Leo Bogarín y a mi.  Mi amigo nació en el departamento del Alto Paraná, donde actualmente sigue viviendo, y se encontraba allí realizando trabajos de albañilería.  Tomábamos tereré aunque ya parecía mate, ante la ausencia de hielo o agua fría, cuando, conocedor de mi pasión, de pronto empezó la conversación así: – Allá hay un Chacurru. – ¿Dónde? – En la rama del Samu’u. – ¿Cómo te das cuenta? – Por como está sentado.

Él conocía bien a uno de los primos paranaenses del Durmilí, de similar comportamiento, y me mandó derecho al objetivo, más allá de la especie exacta y del nombre científico, dejándome claro una vez más que la observación a campo y su réplica en incontables ocasiones, son insustituíbles.


Como siempre fueron más los bichos que vi que los que guardé como archivos en un disco externo. Además varios salieron borrosos, o en imágenes demasiado feas para que me de ganas de publicarlas. Entre éstos, por el que más me lamenté fue por un Pheucticus aureoventris con el que fallé tres veces consecutivas…  Pasada la bronca, lo entendí como un motivo más para volver a dejar horas de mi vida en ese estado de contemplación con cámara, allí mismo en el futuro.


Para los observadores de aves experimentados, este post puede haber sido aburridísimo.

Para aquellos que no están interesados en conocer a las aves, también.

Sinceramente, me da igual.

Fui tan feliz en aquellos mediodías de 47°C y bajísima humedad relativa, en las noches estrelladas, yendo a pie hasta un puesto de estancia a ver si quedaban un par de latas de cerveza, y respirando el aire del norte paraguayo, que me alegro de sólo recordarlo, mirar las fotos y contárselo a quien lo quiera leer.  Tanto es así que en cualquier momento, cuando me ponga las pilas y mis memorias se alineen, seguramente ponga online una tercera parte.  ¡Hasta entonces!!


Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir avisos de nuevas entradas.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es boton-de-youtube.png

8 comentarios en “apuntes del Gran Chaco (2)

  1. Cuando te pongas las pilas y tus memorias
    se alineen, allí estaré para disfrutar nuevamente tus relatos y bellas fotos
    GRACIAS GUILLERMO

  2. Relato muy interesante,y entretenido de tu experiencia por el Chaco. Conocer a través de tus fotos, un disfrute. Esperando la tercera!

    Enviado desde mi iPad

  3. Lo leeré entero otra vez. Cuándo el libro con toda la recopilación de fotos y relatos? Los quiero leer en papel!

  4. Excelente material fotográfico!! Y el relato es como estar ahí, Para cuando el libro? La suma de estas virtudes hace que éste material sea informativo, ilustrativo y entretenido.
    Hay un gran potencial ahí!!
    Gracias!! 💪🏼

Los comentarios están cerrados.