apuntes del Gran Chaco (1)

En agosto de 2019, mientras acampaba solitario en el Parque Nacional Ybycuí, recibí un mensaje de @Taguato invitándome a viajar hasta Cerro León, aquella remota serranía en lo profundo del Chaco boreal. ¿Cómo negarme?. Había que llegar a Mariscal Estigarribia, reunir a la banda y salir a la aventura.

Macizo Cerro León

Al rayo del sol del mediodía, así se ve el Maciso Cerro León en plena estación seca. Corazón del Parque Nacional Defensores del Chaco. Un área protegida de 780.000 hectáreas, situadas en los departamentos de Boquerón y Alto Paraguay.

Esta oportunidad de visitar las vastas superficies naturales del norte y acampar en ellas, me reportó incontables nuevas experiencias y un estado de asombro casi permanente con paisajes que superaron ampliamente lo que me había imaginado.

Ascenso a Cerro León por el sendero

Para concentrarme en las observaciones y no repetirme escribiendo lo mismo, les dejo un post anterior, donde me refiero a las primeras experiencias allí vividas durante los viajes de 2018 y 2019.

en el Chaco Seco


Estábamos en setiembre, la temperatura era muy alta durante el día y el agua superficial muy escasa. La flora acusaba esta situación con tonalidades marrones, amarillas, incluso grises, con ramas desnudas, como en un repliegue táctico de la vegetación.  Aunque pudiera sentirse desolador por momentos, la vida se insinuaba brillante e intensa.  Cada hoja desprendida de un árbol pasaba a ser parte del mantillo del bosque, asegurando materia orgánica y retención de humedad para el reverdecer posterior a la primera lluvia.

Afinando la vista, desde el mirador se pueden observar tenues líneas verdes entre los cerros.  Algunas son cauces temporalmente secos que se llenarán con el cambio de estación pero que mantienen humedad en el lecho y por debajo de éste.  Otras son paleocauces, que formaron parte de redes fluviales y que fueron paulatinamente colmatados por el arrastre de detritos o que quedaron aislados del sistema por cambios en el curso del agua.

⇑⇑⇑ Aquí intento resaltar aquellas sutiles arterias.

En la primera mañana, acampados en Cerro León, recibimos la visita de don Silvino González, guardaparque histórico, con más de 40 años en servicio ya en aquel momento.  Sólo un ayoreo, nativo de esos valles, puede conocer el Defensores con más profundidad que él.  Su dedicación y experiencia son admirables.  Luego de conversar entre mate y tereré, nos alcanzó en la camioneta hasta el inicio del sendero, advirtiéndonos de que no nos alejáramos de las marcas que él hizo como referencia, porque la posibilidad de perderse y empezar a dar vueltas en círculos es muy grande para quien no es baqueano.

En una curva entre los árboles escuché la vocalización de un batará y la respuesta de otro individuo, posiblemente la pareja. No sonaba exactamente igual a los que conocía, así que con el mayor sigilo posible me fui acercando.  La hembra perchaba completamente a la vista y me dió tiempo suficiente para enfocarla y tirarle unas cuantas fotos. El macho, en cambio, permaneció un poco más oculto. Eran batarás pardos, o batarás pizarrosos bolivinaos.  Sólo en el área en la que estábamos es posible encontrar a esta especie dentro de territorio paraguayo.

Thamnophilus sticturus (hembra / female)

Batará Pardo, Batará Pizarroso Boliviano, Choca de Bolivia, (Thamnophilus sticturus). Hembra

Thamnophilus sticturus (macho / male)

Batará Pardo, Batará Pizarroso Boliviano, Choca de Bolivia, (Thamnophilus sticturus). Macho
de la “Guía de Aves de Paraguay” (Narosky e Yzurieta). (Para mí como uruguayo, el nombre común “batará pardo” se corresponde con otra especie del mismo género, pero así es como se conoce a ésta según la bibliografía paraguaya).

Cualquier observador de naturaleza, entenderá la felicidad de aumentar la colección personal de registros de una familia que admira y ha observado en distintos ambientes. En este caso, los tamnofílidos, osea los bataráes u hormigueros.

Para otras personas quizás pueda resultar algo intrascendente, pero avistamientos como éste y otros que voy a enumerar, son en retrospectiva aún más valiosos para mí.  En aquellos días ni sospechaba que la movilidad se pudiera ver restringida, acostumbrado a ir y venir, cruzar el Uruguay, el Paraná y el Paraguay por todos los puentes posibles, incluso en balsas y botes, cargando la carpa y la cámara.  Muchas veces me preguntaron para qué hacía eso y mis argumentos tal vez no fueron suficientemente convincentes.  Hoy no me cuesta explicar la razón de tantos km recorridos, tantas veces cruzadas las fronteras para ver un bicho, un sitio, visitar a los amigos desparramados por el cono sur y ser feliz en el monte, el pastizal, los senderos, o mismo metiendo pata sobre la ruta.  La incertidumbre sobre el futuro en la época que corre es tal, que puedo simplificar mis motivos a vivir, vivir, vivir, compartir y observar lo que nos rodea.  Si en ese camino puedo aportar un granito a la conservación de la biodiversidad de alguna manera, por mínimo que sea, más contento voy a estar todavía.

Seriema o Saría de Patas Negras (Chunga burmeisteri) dándome oportunidad de una sesión de fotos para el próximo post.

De aquel segundo viaje al Chaco Seco son las siguiente imágenes, captadas por Mily con drone, acompañadas con la guitarra que grabé al volver a Asunción y la melódica mágica de Gonzo. Aunque no es lo mismo que ir, con las tomas aéreas se puede apreciar la magnitud del territorio salvaje y pensar en las redes de interrelaciones entre los más diversos organismos que allí ocurren.

Si consideras que este video te aportó algo y todavía no lo hiciste, no dudes en darle click al botón deLa imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es boton-de-youtube.png

Si bien mis deseos de encontrarme con mamíferos silvestres estaban notablemente dirigidos a las especies más grandes y emblemáticas del Chaco, no hay ninguno que no me llame la atención.

Los histricomorfos son un suborden de roedores, en el que está comprendido, entre muchos, el carpincho.  De este grupo me encontré repetidas veces con dos especies muy especiales por ser éndemicas de las secas sabanas chaqueñas.

En los alrededores de la planta urbana de Mariscal Estigarribia, y durante el viaje en la caja del camión de Diego hasta el Defensores del Chaco, observamos varias cuevas activas de tucu-tucus o tuca-tuca como se los conocen allá. Si bien hay unas 50 especies vivientes, todas agrupadas dentro del género Ctenomysésta sólo ocurre en la región chaqueña de Paraguay, Bolivia y Argentina.

Ctenomys conoveri

Tuca-tuca, Tucu-tucu de Conover, Anguja tutu (Ctenomys conoveri)

Aunque un pastito se interpuso entre mi lente y los anaranjados incisivos de este individuo, guardo la foto con mucho cariño.  Era más grande de lo que esperaba y cruzaba velozmente el camino. Fue parar el camión y saltar para verlo de cerca.  Si bien, como los demás tucu-tucus, pasa la mayor parte del tiempo dentro de sus galerías, al de Conover se lo puede encontrar a cielo abierto con cierta frecuencia. No es un bichito muy querido por los pobladores locales porque cuando excava cerca de las casas o en las plantaciones puede causar severos daños. Esta especie fue descrita para la ciencia en 1946, pero era bien conocida por la gente indígena y llamado en guaraní como Anguja tutuAnguja significa ratón y tutu es la onomatopeya del sonido que provoca golpeteando dentro de los túneles y que también le da los nombres comunes en castellano. Leyendo, encuentro que a miembros del género Ctenomys en Paraguay también se los conoce con Anguja yvyguy, que sería literalmente ratón subterráneo, lo que parece tener bastante sentido, porque aunque no se trata estrictamente de un ratón (Suborden Myomorpha), es un roedor que habita mayormente bajo el suelo. Algunas especies de tucu-tucus fueron y son muy estudiadas, pero posiblemente otras ni siquiera están descritas aún. Se sabe que la mayoría de las especies son solitarias pero otras tienen convivencia social como en el caso de Ctenomys sociabilis, habitante de la Patagonia argentina.


El segundo histricomorfo netamente chaqueño que observé incontables veces durante las estadías en las región más seca, también tiene un pariente patagónico de aspecto similar que conocí mochileando hace 20 años en la helada meseta.    Dolichotis patagonum es la Liebre Patagónica y Dolichotis salinicola es el Conejo de los Palos o Tapiti Boli.

En ambos casos los nombres comunes hacen referencia a un lagomorfo, una liebre y un conejo, pertenecientes a un orden que se desligo de los roedores a principios del siglo XX.   

Así son los nombres comunes, muchas veces inexactos y hasta contradictorios, pero eso no significa errados, sino que se corresponden con descripciones antiguas, asociaciones de ideas que no se dieron dentro de un marco científico, e incluso percibidos desde cosmovisiones diferentes. 

Para salvar el asunto, vale decir que las dos especies del género Dolichotis también son conocidas como Maras.

Dolichotis salinicola

Maras del Chaco (Dolichotis salinicola)

El carpincho no es en absoluto un endemismo chaqueño, sino que su distribución ocupa casi la totalidad de Sudamérica al este de los Andes.

A pesar de ser perseguidos y cazados, lo que los vuelve animales esquivos que prefieren estar activos en horas nocturnas, en las Lagunas Saladas del Chaco central, sin asustarlos, se pueden observar familias, pastando, descansando o bañandose en el agua y el barro.

Hydrochoerus hydrochaeris

Carpinchos o Capivaras (Hydrochoerus hydrochaeris)

Hydrochoerus hydrochaeris

¡Larga vida a los roedores más grandes del Mundo!


Los Tres Chanchitos

En otro post conté la experiencia de registrar al Taguá, el “pecarí del infierno verde” dentro de una reserva. No sé cuantos individuos en estado silvestre existen en la actualidad ni si alguien lo sabe a ciencia cierta, pero la cuestión es que un año y medio después de aquella primera vez volví a encontrarme con este enorme chancho de monte que fuera considerado especie fósil por décadas.

Catagonus wagneri

Taguá, Chancho Quimilero, Pecarí del Chaco (Catagonus wagneri)

Catagonus wagneri

Catagonus wagneri

Catagonus wagneri

Por más que su tamaño impresiona, nunca me sentí nervioso o asustado ante su presencia, sino privilegiado de vernos nuevamente en un ambiente salvaje.


No puedo decir que mantuve la misma calma, cuando un mes después, en otro paraje remoto, me encontré de frente, al girar en una curva del camino, con una nutrida piara de Tañykati, como se conocen en Paraguay a los Pecaríes Labiados, capaces de formar grupos de hasta 200 individuos.

Tayassu pecari

Pecarí Labiado, Tañykati (Tayassu pecari)

Tayassu pecari

Esta manada no tendría más de 20 integrantes en total, no se mostraron agresivos ni me hicieron frente, pero las historias de tener que subirse a un árbol y esperar quizás toda la noche para que se retiren, las tenía muy presentes como para quedarme más que el tiempo necesario tirando unas cuantas fotos.  Luego, desde una elevación en el terreno los vi perderse en fila entre la vegetación.


Para completar el álbum de las tres especies con existencia verificada, la siguiente foto la tomé al atardecer en un riacho de las Lagunas Saladas.  Fue un momento muy emotivo cuando vi cruzar el agua rumbo al monte a un grupito de Pecaríes de Collar, en el que había adultos y juveniles.

Pecarí de Collar, Kure’i (Pecari tajacu sin. Dicotyles tajacu)

Estos “tres chanchitos” no lo son en realidad.  Sí son suinos como los cerdos domésticos traidos de Europa o los jabalíes que se han introducido y asilvestrado en Sudamérica, pero pertenecen a la familia Tayassuidae con una historia evolutiva diferente en el diverso orden Artiodactyla, que además de todos los “ungulados de dedos pares” como cabras, ciervos, antílopes, jirafas, camélidos y un larguísimo etc. que caminan sobre la Tierra, incluye a los antepasados de los cetáceos, siendo por tanto un orden de mamíferos que fue capaz de colonizar casi todos los ambientes terrestres y marinos del Planeta.



Para cerrar estos primeros apuntes me gustaría referirme a unos de mis favoritos, el mamífero terreste viviente de mayor masa corporal que existe en la actualidad en nuestro subcontinente.  El ingeniero del bosque que traza caminos y dispersa semillas. La tremenda bestia mansa que se vale de su prosbócide para llevarse a la boca las hojas y frutos de los que se alimenta. La presa silvestre más grande a la que un jaguarete pueda aspirar.  Corredor, nadador, buceador, maravilloso y extraño, el Tapir.

Allá va el tapir...

¡Que placer verlo cruzar la laguna cada mañana!

Sus señales, por decir de alguna forma, son fáciles de ver. No así al animal.

Hubo días en los que lo busqué, esperé por horas pacientemente sin poder enfocarlo con la cámara. Sucedió incluso que volviendo por un sendero sus huellas estaban marcadas sobre las que mis botas dejaron, en sentido contrario. Otra vez, nos separaba una densa pared de ramas y quizás mi olor o el sonido de mis pasos lo alertaron de manera que salió corriendo, produciendo un potente de ruido de galope y ramas quebradas a su paso.

Entiendo perfectamente por qué su reacción ante el hombre es la huída y lo respeto.  No quiero perturbarlo en mi afán por llevarme su imagen en la tarjeta de memoria.

Pocos días después de que dejé el Chaco viajando de regreso al sur, Edgar se detuvo en uno de los sitios donde ambos sabíamos que estaba y tuvo la oportunidad de sentarse en el suelo para admirar y fotografiar, no a un tapir, sino a dos.  Le agradezco mucho por cederme las fotos que dejo aquí abajo y con las cuales me despido hasta que junte un poco de concentración y me ponga frente a la pantalla a ordenar fotos y recuerdos nuevamente.

Tapir, Mborevi, Anta (Tapirus terrestris)

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6 comentarios en “apuntes del Gran Chaco (1)

  1. Fantástico. Es reconfortante ver que en nuestro planeta aún quedan lugares dónde la naturaleza y sus habitantes no humanos vivan sin que la mano depredadora del hombre halla llegado . Me ha emocionado tu artículo .

    1. Me alegra que te haya gustado y que sientas que el texto transmite la idea de un lugar prístino. Lamentablemente no es tan así. La presión humana en forma de agroindustria es brutal en Chaco en cuanto a cambio en el uso del suelo y pérdida de habitat para muchas especies.
      La caza de especies nativas como las que aparecen en las fotos sucede incluso dentro de áreas protegidas aun con el trabajo de los guardaparques, que por momentos parecen incansables.
      Supongo que eso cambiará en la medida de que las nuevas generaciones valoren la naturaleza como un todo que nos contiene desde una óptica distinta al extractivismo y deseo que la resiliencia de los ecosistemas sea suficiente para regenerar aquello que se ha perdido.

    1. Gracias a ti. Me alegra que te guste. Pronto me pongo con una segunda parte que incluya aves, mariposas, otros bichitos y algunos paisajes. Abrazos desde Tacuarembó, Uruguay.

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