en el Chaco Seco

Al Oeste del río Paraguay y al norte del Pilcomayo, se extiende el Chaco Boreal, hasta encontrarse con las Yungas de la cordillera Oriental y perderse al norte, donde se separan las aguas de la cuenca del Plata y la del Amazonas.

Aguada en la Reserva “Cañada el Carmen”, Boquerón, Paraguay. (abril 2018)

Éste es el hogar de algunos de los mamíferos terrestres más pesados y grandes de Sudamérica, así como de muchos medianos, pequeños y minúsculos, de incontables aves, reptiles y anfibios, de invertebrados desconocidos, de endemismos varios y, como si fuera poco, de uno de los últimos pueblos indígenas en aislamiento fuera de la Amazonia, los Ayoreos silvícolas, que habitan Cerro León y sus proximidades en Paraguay y el Parque Nacional Kaa Iya en Bolivia.

Vista del Macizo Cerro León, en el Parque Nacional Defensores del Chaco
Sobre este pueblo originario y su situación, la Unión de Nativos Ayoreo de Paraguay (UNAP) y el Grupo de Trabajo Internacional para Asuntos Indígenas (IWGIA por sus siglas en inglés) ha publicado un informe llamado “El Caso Ayoreo” que puede descargarse en PDF aquí.

La inmensa llanura chaqueña, con un declive mínimo, apenas se ve interrumpida por algunas formaciones serranas muy particulares, como en la foto anterior, dando lugar a paisajes únicos.   La vegetación varía con la composición del suelo y con el clima, más caliente cuanto más al norte y más seco alejándose del río Paraguay.   Allí, la comunidad vegetal más representativa se compone de diversas plantas leñosas, muchas de maderas duras, que forman el bosque seco más extenso del planeta. Pero también ocurren matorrales espinosos, una inmensa sabana tropical poblada de incontables Caranday, y bañados estacionales que se forman en depresiones del terreno, además de todas las zonas de transición y rincones que resultan especialmente extraños para el ojo de un viajero como yo.

Así se ve en Maps, Cerro León.    Como un cerebro que emerge en la llanura o quizás un gigantesco caparazón de tortuga.
El contraste entre el verde que crece beneficiado por la humedad del bajo y el monte, en plena estación seca.    (setiembre 2019)

Pero el que fuera llamado “infierno verde”, y que continúa siendo uno de los territorios profundamente salvajes dentro del subcontinente con mayor diversidad biológica, hoy está siendo presionado al extremo por la expansión agrícola y ganadera, habiéndose convertido en una de las regiones geográficas con la tasa de deforestación más alta del mundo.  Esta pérdida es inconmensurable, tomando en cuenta la infinidad de secretos de la naturaleza que se van con el bosque y los pastizales naturales, sin que hayamos sabido de ellos.


Hasta la fecha tuve oportunidad de adentrarme en dos ocasiones en el maravilloso Chaco Seco y tener las primeras impresiones de esta ecorregión tan especial. Durante ellas, observé especies y eventos nuevos para mí, tuve encuentros cercanos con animales sorprendentes y conocí gente diversa e interesante entre la que cuento con varios nuevos amigos valiosísimos.  La primera ocurrió en abril y mayo de 2018 y la segunda en setiembre de 2019, por lo que, al haber sido en dos momentos del año diferentes, el Chaco me presentó un paisaje apenas terminada la temporada lluviosa, y otro bien distinto, luego de meses sin precipitaciones.

Parque Nacional Defensores del Chaco, extremadamente seco en setiembre.

Además de todo lo anterior, es imposible pasar por alto el pasado reciente de esta parte del mundo. Menos aún en territorio paraguayo.   Entre setiembre de 1932 y junio de 1935, se disputó la Guerra del Chaco, entre Bolivia y Paraguay, habiendo sido el mayor conflicto bélico ocurrido en Sudamérica durante el siglo 20.  Localidades y parajes están impregnados por su desenlace y de sus eventos permanecen huellas en cada uno de ellos.

Si bien en el Pantanal había estado en territorios donde sucedieron combates, no había visto aún evidencias físicas de la Guerra.    En el área de la Reserva “Cañada el Carmen”, un sitio histórico por haber sido parte del campo de la batalla ocurrida a mediados de noviembre de 1934, encontramos cráteres producto de los bombardeos, balas y restos de algunos utensilios, que formaran parte de campamentos militares.

Peine de fusil 7,65 x 53mm utilizado por ambos ejércitos. (le falta un cartucho)
Munición Remington sin percutir

La diferencia entre tener o no acceso al agua fue determinante. Por eso controlar ese vital recurso era una prioridad.  Al año siguiente, atravesando el Parque Nacional Médanos del Chaco, un área silvestre que se hace interminable, casi sin agua ni humedad superficial, llegamos al Lejano Yrendagüé, escenario de otro evento extremo que tenía como objetivo del ejército paraguayo la posesión de los profundos pozos por los que se accede al acuífero Yrenda.  En este lugar actualmente se encuentra el destacamento militar Eugenio A. Garay.

Para entender qué hay en el subsuelo y por qué es tan importante, desde el sitio geologiadelparaguay.com se puede descargar en PDF el interesante artículo: CARACTERIZACION HIDROGEOLOGICA DEL SISTEMA ACUÍFERO YRENDA,  que queda disponible haciendo click.
La Transchaco, ruta de arena desde La Patria, cruza en este tramo al Parque Nacional Médanos del Chaco, en dirección al Hito III
para hacerse una idea…
Una pequeña, somera y salobre aguada estacional, a metros del destacamento Garay, en medio del árido paisaje del noroeste paraguayo.

Al salir desde Yrendagüé hacia la actual frontera, pasamos frente al cementerio simbólico en el cuál se recuerda a soldados paraguayos caídos.

Algunos km más adelante, dentro de un paisaje que da sentido superlativo al término “frontera seca”, se encuentra el Hito III, rodeado de monte y custodiado por el último puesto militar paraguayo, Fortín Sgto. Rodríguez.

Hasta aquí, Paraguay. Y por el talcal, llamado desde el hito en adelante Ruta Chuquisaca-Chaco, Bolivia adentro.


En el Parque Nacional Teniente Agripino Enciso, que además de proteger la biodiversidad también preserva patrimonio histórico, transité varias veces el sendero de las trincheras y entré por la picada, por eso el contacto con los vestigios de la Guerra estuvieron siempre presentes también allá.  Como lo que conozco de ella proviene de lo poco que leí (hay muchísima bibliografía disponible), de haber visto lugares en los que se desarrolló, y de escuchar largamente a algunos amigos, verdaderos apasionados de la Historia y muy entusiastas a la hora de salir a recorrer parajes remotos, no tengo mucho más que aportar sobre este complejo asunto. Sólo contar que sentí emociones muy densas, al caminar en áreas en las que se puede percibir todavía que hubo violentas muertes de muchachos ahí acampados, o apostados con sus armas y pensamientos, pasando todo tipo de privaciones y sufrimientos, y ya que mi intención era poner en contexto los recorridos que hice cámara en mano y las sensaciones que tuve, por el momento, es todo lo que tengo que decir al respecto.

entrando en la noche al sendero de las trincheras del P.N. Teniente Enciso


Entiendo que desde las grandes ciudades, el Chaco Boreal pueda figurarse como un desierto inhóspito. Pero aunque es muy dura la vida en sus condiciones climáticas y la naturaleza pueda presentarse hostil muchas veces, la vida es diversa, abundante y visible.

Portera de entrada al predio de la casa de guardaparques en “Cañada el Carmen” y el camino que viene desde el asfalto.

Lograr registros en “Cañada el Carmen”, que demostraran la ocurrencia de algunas especies chaqueñas emblemáticas en el Reserva, era el objetivo en abril 2018.  La entrada a esta propiedad privada está ubicada a menos de 20km de la frontera con Bolivia, pero no sobre la Transchaco, sino próxima al paso de Infante Rivarola – Cañada Strongest (como la llaman los bolivianos).

Puesto fronterizo. Más allá de la aduana se extiende la Ruta Nacional 11 (Bol) en dirección a Villa Montes. Fue necesario cruzar para obtener otros 90 días “frescos” volviendo al Paraguay…
Hacia el otro lado, regreso a la Transchaco, La Patria, Mariscal Estigarribia, etc..

En aquel momento, mi amigo Alberto Bogarín era el único guardaparque y por lo tanto estaba a cargo. Lo acompañaba su hermano Leo, trabajando en reformas de las instalaciones. Desde el primer momento se mantuvo muy alegre y dispuesto a mostrar todo lo que conocía y había observado en sus largas y solitarias caminatas por el predio. Contábamos con 10 cámaras trampa, tarjetas de memoria y pilas, provistas por la organización que administra el área para comenzar el trabajo de registro.  Instalamos la mitad siguiendo el Protocolo de Monitoreo de Biodiversidad, y las otras, en días siguientes, en lugares que nos parecieron estratégicos por encontrarnos con huellas de mamíferos o por la presencia de agua y revolcaderos.

En el Chaco se conocen como “peladales” a superficies naturales con suelo alcalino desprovisto total o parcialmente de cobertura vegetal, donde predominan cactus enormes y las plantas leñosas se ubican a mayor distancia entre ellas que dentro del monte, a veces solitarias y otras formando pequeñas islas.

Hacía poco tiempo, durante mi última estadía en la Estación Los Tres Gigantes, había fotografiado, entre otros, hoja por hoja el libro “Guía de Huellas y Señales – Fauna Paraguaya” (Villalba y Yanosky, 2000).  No podía estar más feliz de haberlo hecho al llegar a un peladal ubicado unos cuantos km monte adentro.  Se trataba de un paso de fauna, una verdadera avenida de bichos salvajes y había mucho para tratar de identificar.

Inconfundible huella de mborevi o tapir

El siguiente video reúne los registros más representativos almacenados en las memorias de aquellas cámaras, y muchos de éstos provienen de esa ubicación y de otros puntos increíbles en el mapa de la Reserva. 

Como la guía que les comenté fue publicada hace 20 años al momento de redactar este post, y seguramente ya no se encuentra disponible, aquí está mi versión PDF en descarga libre.
También para descargar, dejo el link a la hermosísima Guía para la identificación de mamíferos medianos y grandes del Chaco Seco, publicada por la Universidad Nacional de Asunción.

Calculo que no debe haber mayor alegría para un observador de fauna que saber que exponentes como el jaguarete, el puma, el tapir y el oso hormiguero recorren los mismo senderos que uno. Pero eso no quiere decir que estén a salvo.  En la región donde se ubica la reserva, los grandes felinos son considerados enemigos, por predar sobre el ganado y otros animales domésticos, además de por ser temidos.  Algunas estancias ostentan como trofeos, cabezas y pieles.    La carne del tapir o mborevi es muy codiciada, convirtiéndolo en objeto de caza junto con cérvidos y pecaríes.  El oso hormiguero o jurumi quizás sea el gran mamífero más atropellado en rutas chaqueñas, en las que es común encontrar los despojos de otros más pequeños, junto con aves, reptiles, anfibios y por supuesto invertebrados.


La abundancia de registros de fauna en poco tiempo dentro de la reserva es muy alentadora.  Cañada el Carmen es un sitio fundamental por estar poco modificado en relación a las propiedades vecinas, y por haber tenido el tiempo para absorber las perturbaciones.  Por las condiciones que mantiene, es un área que atrae y ofrece oportunidades para el desarrollo de la vida silvestre.   Allí están los árboles y arbustos, las especies de herbáceas, los hongos, los microorganismos y el suelo del Chaco.   El estado físico que se observa en los animales confirma que hay de todo.


Me hubiera encantado fotografiar en persona a la hembra de tapir, posiblemente preñada, que cruza la aguada frente a dos cámaras, pero las horas de espera entre los pastos fueron infructíferas en cuanto al objetivo, aunque llenas de observaciones interesantes.  La fe era grande porque el acecho fotográfico ya había dado buenos resultados y justamente con una figurita difícil, que era prioridad encontrar.

Existe en América una familia de mamíferos llamada Tayassuidae que incluye a las tres especies de pecaríes (y a una hipotética cuarta). Las tres confirmadas habitan el Chaco Boreal pero sólo una de ellas es endémica. De hecho, el Taguá fue considerado hasta la década de 1970 como una especie fósil, basándose en hallazgos de un sitio arqueológico en Santiago del Estero, Argentina, encontrados en 1930.  Pero este voluminoso chancho del monte, con adaptaciones morfológicas muy eficientes para la vida en un entorno seco, polvoriento y espinoso, aún deambulaba en pequeñas manadas por remotos y poco poblados parajes chaqueños.

Ver aparecer entre las ramas a un grupo, quedará en mi memoria para toda la vida.

Tagua, Chanco Quimilero, Pecarí del Chaco (Catagonus wagneri)

La curiosidad del joven individuo de la foto anterior lo llevó a acercarse hasta quedar ubicado a pocos metros. Tanto así que sobraba zoom para encuadrarlo. Allí se quedó por largos instantes, para luego retroceder y dar lugar a que un macho mayor se aproximara con una actitud más cautelosa.  Lejos de presentar agresividad, olfateaba a los humanos sentados entre las ramas de un aromito, que lo miraban como hipnotizados.  Su movimiento más intimidante fue rascar en el polvo con una de sus patas anteriores y resoplar suavemente. Eso fue todo.  Luego se retiró junto a los otros miembros de su grupo para volver a inspeccionarnos desde entre los arbustos.  Pasados unos minutos, lentamente se fueron casi sin producir ruido alguno.

Catagonus  wagneri

La mansa expresión de este enorme Taguá me recordó a los venados de campo y a los ciervos del pantano. Sus ojos húmedos de mirada inocente, me hicieron pensar en cuánto hay de verso épico en los sobredimensionados cuentos de cazadores que describen a sus presas como criaturas terribles.  No me considero el más valiente de los hombres ni nada que se le parezca, pero estos bichos más que miedo me producen empatía, y si me entendieran les diría, todo tranqui, soy su amigo nomás.

Sus pequeños pies les permiten moverse entre las espinas silenciosamente.  Hasta pronto!

De regreso a la base sucedió un encuentro inesperado.  Un animal al que precede una fama aterradora, tomando sol en el camino, obligó a detener la marcha.

Víbora de Cascabel o Mbói chini (Crotalus durissus)

Este ofidio ponzoñoso, casi con seguridad de la subespecie C. d. terrificus basándose en la distribución austral de la especie, es potencialmente mortal, o al menos capaz de producir parálisis y ceguera, una vez que inocula neurotoxinas con su mordida en el cuerpo humano.  Pero el hecho de tener tan enorme poder no lo convierte en un monstruo que anda buscando gente para lanzar el bote. Al contrario, nuestra presencia lo pone en riesgo y encontrarse con personas está entre lo que menos podría desear.  De hecho, la cascabel de la foto se escabulló despacito entre los pastos y no nos volvimos a encontrar, pero no porque yo no quisiera, ya que me hubiera gustado mejorar la foto de este bicho tan espectacular y mítico.  Creo que no faltará oportunidad.

detrás de la casa de Alberto, otra serpiente, pero que no nos representa peligro alguno, se yergue y curiosea nuestra actividad. (Philodryas mattogrossensis)

Mientras las cámaras trampa se mantuvieron activas, los registros continuaron. A medida que iban llegando, se me ocurrían más y más ideas para filmar “algo nuevo y maravilloso”, construyendo rudimentarios escondites, en aquella pequeña pero salvaje reserva.  Como en sueños, aun consciente de mis limitaciones, imaginaba generar material visual, que demostrara la importancia de conservarla y que atrajera interesados en investigar o financiar la investigación en los más variados campos, así como la mejora en las condiciones para los trabajadores permanentes, los eventuales y los visitantes.

Pecarí de Collar o Kure’i (Pecari tajacu) . Este chanchito no está en el video!

Tuve que quedarme con las ganas, porque no sólo depende de mí.  Aún no he vuelto a Cañada, y Alberto ya no está allí, pero mis deseos de superación técnica y de rodar alguna cosa en el Chaco Seco siguen intactos y en pleno desarrollo.  La experiencia lo vale, junto a todos esos seres increíbles que se esconden en rincones así, como única defensa ante el avance del agronegocio.


Llegué a tener la sensación de que en casi cada arbusto se ocultaba una parejita de Tacuarita Azul o Sĩritui (Polioptila dumicola). En esta foto, un macho.
Entre las hojas del Palo Santo, unas manchitas rojas se mueven ágiles y veloces. Son Brasitas de Fuego, o Guyra pytã’i (Coryphospingus cucullatus), muy abundantes en la reserva.

En el otoño de 2018 estaba bastante mal fisicamente. Hacía poco que prescindía de las muletas que usé por meses. Así que dos por tres rengueaba en los pastizales y me di más de un golpe protegiendo la cámara antes que a mi cuerpo. Fallé muchísimo configurando y saqué cientos de fotos sub o sobreexpuestas, mal enfocadas, con una obturación demasiado lenta a sujetos en movimiento, o llenas de horrible granulosidad. De todas formas, algunas imágenes útiles logré guardar, que junto a otras anteriores fueron incluidas en la Guía de Aves del Chaco Seco, que pueden descargar directamente en PDF aquí.

Monterita Cabeza Negra, Chivichivi (Poospiza melanoleuca o, para otros autores, Microspingus melanoleucus)

Deambulando en la reserva, es un buen reto observar entre la maraña de espinas a las pequeñas aves, que son muchísimas.  Trato de mantenerme paciente para ver si logro retratar a las que se detienen un instante frente a mí.    Algunas son comedoras de semillas y frutos, otras cazadoras de insectos y de arañas.  Unas son residentes permanentes y otras migran desde sitios lejanos.

Juvenil macho de Churriche, Guyra tata (Pyrocephalus rubinus)

Me alegré de encontrar al anterior, que pertenece a una especie que observaba llegar con la primavera al campo donde viví y trabajé 10 años en Uruguay.  Entonces pensé que en ese momento estábamos juntos en uno de aquellos lugares a los cuales los churrinches se dirigían en invierno tras abandonar mi casa.   A la siguiente nunca la había visto.  Aunque es un tiránido, por lo qué no tiene relación con las calandrias, se la conoce como Calandrita debido a los movimientos de su larga cola, que recuerdan a las aves del género Mimus.

Calandrita (Stigmatura budytoides)

En cambio esta otra, sí es una Calandria. Se la conoce como Real o de Tres Colas. Tiene una amplia distribución que abarca desde Bolivia hasta la provincia de Chubut en Argentina, pero sus poblaciones más australes migran al norte en invierno.

Calandria Real (Mimus triurus)

El que sigue es muy nervioso y, como a tantos otros, es más probable escucharlo que verlo, en la vegetación densa.

Espinero Chico (o Tíotío chico en Uy) (Phacellodomus sibilatrix)

El Hornero, o Alonsito, es una de las aves más comunes y fáciles de observar incluso en las veredas de grandes ciudades de Paraguay, Uruguay, Argentina, Brasil y Bolivia. Pero al que quería encontrar en el Chaco era a su pequeño primo con copete.  Es una especie menos confiada, aunque tampoco arisca, que actúa de forma similar a F. rufus y construye el típico nido de barro, pero proporcional a su tamaño.  Camina alternando sus patitas mientras busca invertebrados en el suelo.

Hornerito Copetón, Ogaraity Chaco (Furnarius cristatus)

Tengo una amplia galería de imágenes de aves de la familia Thamnophilidae, conocidas como batarás o chocas, muchas de ellas captadas en el Pantanal, que más adelante intentaré organizar en otro post.   En Cañada, la que escuchaba cantar, mientras iba a cambiar las memorias de las trampas, resultó ser una que también habita el Uruguay.  En la siguiente foto, una hembra de Batará Plomizo se deja enfocar antes de volver a meterse entre las ramas, en las que captura bichitos, a veces incluso removiendo cortezas.

Batará Plomizo, Choca Común o Viro’o guasu. (Thamnophilus caerulescens)
En mayo, aunque secándose velozmente, algunas aguadas subsistían. Una juvenil Pollona Azul o Ñahana hovy (Porphyrio martinicus) salta desde un charco ubicado en la entrada de la reserva, e intenta esconderse sin perderme de vista

Mientras tomábamos tereré a la sombra del corredor recién terminado de techar por Leo, intentando atenuar el intenso calor del mediodía, un pequeño halcón posó en una rama del Coronillo del patio. Su vocalización enseguida me hizo pensar en su nombre común, que figura en la guía Narosky de Paraguay.  Muchas aves llevan nombres que se asemejan al sonido que producen y ese es el caso del guaicurú.  Guaicurúes también es como se conoce a un conjunto de pueblos indígenas de origen pámpido-patagónico que habita la región del Gran Chaco, aunque esa denominación proviene de un mote despectivo por el cual los guaraníes los llamaron.

Guaicurú, Guaykuru, Halcón Reidor (Herpetotheres cachinnans)

Leí bastante tiempo después que este halcón no es muy querido, e incluso temido, en el norte de su distribución por esa repetida superstición de asociar animales con el mal agüero o directamente con presagios de la muerte.  Pero si de seres objetos de creencias oscuras se trata, las rapaces nocturnas (strigiformes) se llevan toda la atención.  Esa noche, ya no con tereré en mano sino con un líquido que simula ser cerveza y que viene enlatado de Brasil, por fin enfoqué a la lechuza que volaba y perchaba a nuestro alrededor cada noche.  Muy común en casi toda Sudamérica, no es por eso menos hermosa.

Tamborcito, Alilicucu, Kabure y un sinfín de nombres más (Megascops choliba)

Con ocurrencia restringida al Chaco Boreal, la Lechuza Chaqueña estaba en mi lista de deseos.  Bueno, en realidad allí sigue porque, aunque la vi algunas veces y la escuché unas cuantas más, la siguiente foto me la mandó Edgar Romero y la tomó en la planta urbana de Mariscal Estigarribia.

Lechuza Chaqueña, Cárabo del Chaco, Suinda Chaco (Strix chacoensis) por Edgar “Taguato” Romero 

También Mark Harrison, un fotógrafo de naturaleza con el que compartí campamento en San Rafael a fines de 2016, me había enviado su versión, y estaba esta imagen entre los condimentos que me motivaban a viajar al Chaco.

Lechuza Chaqueña (Strix chacoensis) – por M. Harrison en el P.N. Teniente Enciso

Otras de Mark que me dejaron como loco y que me permitió utilizar, son las que siguen.  También me dijo que cuando gane el primer millón de dolares con el blog le tengo que pagar. Espero que tenga una silla cómoda para esperar en su casa de Perth, o en el hide en el que esté observando fauna, porque este sitio web no está monetizado, y en términos financieros sólo da pérdidas.

Perdiz Chaqueña, Tinamú Ventriblanco o Ynambu voli (Nothura boraquira) – M. Harrison
Tapir o Mborevi (Tapirus terrestris) – M. Harrison
Boa Constrictora, Lampalagua, Jiboia, o Mbói Ro’y (Boa constrictor) – M. Harrison

Pero volviendo a nuestro corredor en Cañada, además de techo precisaba un piso.  Para rellenar la superficie hasta lograr el nivel deseado, Leo acarreó muchas carretillas de tierra y, haciéndolo, despertó de entre los terrones a un anfibio bien interesante.

Escuerzo Enano Chaqueño, Kururu Chini, (Chacophrys pierottii)

Este escuerzo es otro pobrecito con mala fama gratuita. No, no es venenoso, no muerde y no hace daño a nadie, salvo a los insectos de los que se alimenta.  Las mismas características podrían enumerarse en relación a la siguiente araña migalomorfa que, en el mismo lugar, fotografié esa noche.

Eupalaestrus sp. (prosiblemente E. campestratus)

Entiendo que algunas personas la perciben como un bicho horripilante, pero para otras resulta hermoso.  Esto último deriva al menos en dos conductas.  Están quienes las observan e incluso las estudian en profundidad, y quienes las mantienen como mascotas, favoreciendo el mercado de animales silvestres que es una amenaza importante para la conservación de la biodiversidad.


En el Chaco y en la naturaleza en general, sucede que a veces los predadores también pueden volverse presas.  En una de mis últimas caminatas en la reserva por fin vi a la siguiente avispa en acción.  Hacía días que me la cruzaba, o a otras muy parecidas, y deseaba tener la oportunidad de encontrarla en pleno ataque.  Éste es un individuo del género Pepsis, una avispa de las tarántulas. Lamentablemente no llevaba el lente corto, que por aquel entonces usaba poco y muy mal, entonces tuve que enfocar a dos metros, que es la distancia mínima con el teleobjetivo.

Esta escena se repite, a menor o mayor escala, entre los seres más diversos. Es la lucha permanente que determina una adaptación constante, proyectando hacia el futuro el hilo de la vida.  No se trata de filosofía sino de hechos.


Además de a estos últimos, pude fotografiar a varios otros artrópodos.  Su abundancia hace muy feliz a mi amigo el kururu guasu, que actúa con la tranquilidad del que tiene “todo el tiempo del mundo” para cazar a los de su preferencia, uno por uno, a no ser que se encuentre con alguien que quiera comérselo a él.

Cururú, Kururu Guasu, (Rhinella diptycha)

La tremenda langosta que aparece abajo, me figuro que aterrará a cualquier agricultor de solo verla.

Langosta, Tucura Quebrachera, Tuku Guasu, (Tropidacris collaris)

Mariposas fotografié unas cuantas, pero no como hubiera querido. Por eso, publico las que considero que salieron más o menos aceptables y agradezco a Joaquín y a las páginas de ciencia ciudadana, que me ayudaron a identificarlas. Ninguno de estos lepidópteros es endémico, pero allí estaban…

Mariposa Pavo Real (Junonia sp.) Familia: Nymphalidae
Princesa Perlada, Pavo Real Blanco, (Anartia jatrophae) Familia: Nymphalidae
Reina Rojiza, Emperatriz (Danaus eresimus) Familia: Danaidae
la misma especie que en la foto anterior
Mancha de Azufre (Anteos clorinde) Familia: Pieridae
Coludo Chaqueño (Chioides catillus) Familia: Hesperiidae
Mancha Rubí (Papilio anchisiades o, para otros autores, Heraclides anchisiades) Familia: Papilionidae
Aceitosa Arlequín (Euryades duponchelii) Familia: Papilionidae

Como casi siempre, en este desordenado relato me concentré en la fauna, pero los árboles del Chaco se merecen toda la atención.  Su existencia está entre las condiciones básicas para la perpetuación de la vida que los rodea.Con la intención de destacar unos pocos, antes que ninguno me detengo en el Palo Borracho o Samu’u, un representativo símbolo chaqueño.  Pero, atención, en Paraguay se conocen cuatro especies silvestres por estos nombres comunes, todas actualmente clasificadas dentro del género Ceiba.   Ellas son C. chodatii,  que abunda en el área de Cañada el Carmen, C. speciosa, quizás la más ampliamente utilizada en el arbolado público de muchas ciudades alrededor del mundo, C. publiflora y C. samauma.   Esta última fue registrada por primera vez para la flora del país hace menos de 10 años, en el departamento de Alto Paraguay.

Flores de Ceiba chodatii
Para diferenciar una de otra, este artículo científico publicado en ReserchGate , contiene una clave dicotómica que permite identificarlas.

El samu’u ha sido materia prima para las poblaciones indígenas y luego para las criollas, que le han dado variados propósitos. En el Alto Paraguay todavía es posible encontrar algunas canoas construidas con su tronco ahuecado, que antiguamente fueron muy comunes.  De manera similar se usa para hacer recipientes. Su fibra se trenza para fabricar cuerdas, se extraen tinturas de su corteza y se le atribuyen propiedades medicinales a distintas partes de la planta, ya sean las hojas, las flores o las punzantes espinas del tronco y las ramas.  La fibra algodonosa de sus frutos maduros se aprovecha con fines textiles y aislantes entre otros. Mi amigo Fernando de Loma Plata me dijo que hay quienes comen las hojas tiernas en ensalada, pero todavía no las probé.  Además de todas estas prestaciones prácticas, el samu’u tiene un valor místico para los pobladores originarios, siendo protagonista de diversas leyendas. Durante la guerra sirvió de parapeto para tiradores y el interior de su tronco como escondite.

fibra algodonosa del fruto del Samu’u

Vamos ahora con el Palo Santo, aquel de aromática madera con la que se elaboran los morteros y guampas para tereré que se venden en muchos comercios de Asunción y otras ciudades. Este árbol, según la UICN, depende de estrategias de conservación para seguir existiendo de manera silvestre, porque ha sido extraído insosteniblemente como tantos otros árboles chaqueños durante el último siglo.

detalle de hojas y frutos de Palo Santo (Bulnesia sarmientoi)

Es uno de los emergentes del bosque porque puede alcanzar hasta 20 metros de altura.  Su madera está entre las más densas que existen por lo tanto es muy dura y pesada.  Se utiliza en carpintería fina para muebles de gran calidad, artesanalmente para utensilios varios, pero también para postes en el medio rural por su resistencia a hongos e insectos (no se pudre).  Su aceite esencial se extrae de la madera triturada por medio de la destilación por arrastre de vapor, y es usado principalmente en perfumería, para la cual tiene una importante demanda internacional. El humo que produce su combustión es un eficaz repelente de mosquitos.  Junto a muchos otros árboles de crecimiento lento, también es convertido en el carbón que sirve de combustible para parrillas en países de América y Europa.  Igual suerte corre el siguiente, el palo que brilla.

Guayacán, Yvyra vera (Caesalpinia paraguariensis, o para otros autores, Libidibia paraguariensis)

También resistente a la intemperie y a estar sumergida, la densa madera del guayacán además se utiliza en partes de instrumentos musicales, como diapasones y clavijas.  Otro representante de los maravillosos árboles del Chaco que corre la misma suerte en las carbonerías es el Quebracho Blanco, que en Uruguay también lo tenemos en el litoral oeste.

Quebracho Blanco (Aspidosperma quebracho-blanco)

detalle de fruto de Quebracho Blanco

La lista sigue pero esta entrada ya es muy larga, y además debería estudiar al menos un poco para escribir la segunda parte.

Mientras tanto, completo la bibiliografía con el libro Ñande Yvyra Mata Kuera – Árboles Comunes del Paraguay en descarga libre aquí.

Para cerrar quiero contar una pequeña anécdota.  Una noche en Cañada, esperábamos al hombre que traería víveres y otros artículos que habíamos encargado como provista para la reserva.Llegó acompañado de un grupo de personas y enseguida comenzó una conversación que giró fundamentalmente entorno a sus actividades de cacería.  Dejaron en claro que le disparaban a cualquier bicho que veían en la TransChaco y en los caminos por los que anduvieran. Incluso me preguntaron si había visto algún mborevi, a lo que respondí que jamás en la vida.  En un momento contaron  que traían un Tatú Bolito vivo, capturado recientemente.  Entonces les pedimos para verlo. Se trataba de un macho que, ni bien se sintió nuevamente entre las manos de alguien, se orinó.  Estaba dominado por el miedo.  Leo Bogarín, poseedor de gran astucia y rápido pensamiento, les dijo que nos lo dejaran para tenerlo como mascota en la casa.  Accedieron, indicando que estaba muy flaco para comerlo.  Le sacamos unas fotos y lo guardamos en un tacho de 20 litros mientras esta gente siguió allí.  Más tarde, en la tranquilidad de la noche, Mily lo liberó a 200 metros de la casa y se perdió monte adentro.

Tatú bolito, Quirquincho bola, Mataco bola (Tolypeutes matacus)
Esta es una de las dos especies que pueden arrollarse y formar la bolita
Ésta es una de las dos especies de armadillo capaces de arrollarse como una pelota
Cerrado por completo

Al año siguiente me encontré con varios individuos, por suerte libres y ocupados en sus actividades vitales como lo han venido haciendo desde que existen.



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Gracias a Mark Harrison, Edgar Romero y Mily Corleone por prestarme sus tremendas imágenes para ilustrar este post.  A Edgar por la invitación al segundo viaje, y a Mily por tomar el control de la situación cada vez que estuve fuera de combate en el primero.  A los hermanos Bogarín por la excelente convivencia en Cañada el Carmen y por la alegría con la que enfrentan situaciones difíciles.  A Diego Salinas, Valentina, Tiago y Carlita por el alojamiento y convivencia en Mariscal Estigarribia. A don Kavaju por su invitación al campo cercano a Mariscal, un lugar hermoso.  De nuevo a Diego por transportarnos en su camión hasta Defensores del Chaco, traernos y llevarnos hasta Enciso.  De nuevo a Tiago por ser un excelente compañero de viaje y lo mismo para Mateo Amigo. A los guardaparques del Mades, Ángel Molas y Cristian Cabrera por compartir el viaje a Médanos del Chaco.  A Ña Isabel por su compañía y por transmitir una pequeñísima parte de su profundo conocimiento del Chaco Boreal.




 

18 comentarios en “en el Chaco Seco

  1. Brillante como siempre.. El Chaco es un lugar tan único como maravilloso en todos los sentidos, gracias por hacerlo conocer! Te esperamos por acá, ojala pronto volvamos a recorrer ese bosque seco que tan feliz lo hace a uno!!

  2. Thank you for this wonderful contribution. Your work is special and so important. Thank you for taking us with you on your travels by sharing your photos and texts. I wish you all the best and good luck for all future trips.

  3. Gracias Guillermo por compartir tus maravillosas experiencias. Tu relato nos lleva a esos increíbles lugares y por el conocimiento que nos aportan.
    Estoy esperando ansiosa una segunda parte

    1. Con los relatos y los materiales audiovisuales uno ya es como que camina, recorre y disfruta del Gran Chaco. Algún día iré a conocerlo. Gracias Guille por demostrar tu pasión hacia la madre naturaleza. Un abrazo a vos y Mily. Nos vemos pronto!

  4. Simplemente fantastico,un lugar que tal vez algun dia visite, con el unico afan de conocer , recorrer y admirar, muchas gracias.

    1. Gracias por su comentario y bienvenido. Me alegra que le haya gustado el post. Le deseo que tenga la oportunidad de hacer una incursión al Chaco, porque el esfuerzo será recompensado por la posibilidad de observar y experimentar todo lo profundo que allá hay para percibir. Saludos!

  5. Una gran entrada Guillermo y, sobre todo, un gran final que deja una buena sensación para la esperanza.
    Muy interesante la gran variedad faunística de tu tierra. Alguna vez he estado en Brasil visitando a personas muy queridas para ver parte de las maravillas Sudamericanas.
    Hasta pronto.
    Saludos.

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