entre el palmar y el río

A más de 2000 km del Pantanal y a casi dos años de la última estadía, no me cuesta nada cerrar los ojos y sentir que vuelvo. No se lo debo apenas a las imágenes que allí capté y conservo, sino que ellas son el apoyo del archivo mental de sonidos, aromas y situaciones vividas, a través del cual puedo viajar en mi cabeza cada vez que así lo deseo, como en este momento.

Río Negro, frontera Paraguay – Bolivia

en Tres Gigantes y del lado de enfrente..


Me encuentro deambulando con la cámara bajo aquel húmedo bosque que existe entre la extensa sabana de Caranday y la vegetación palustre del río Negro. Voy buscando movimientos que surquen el aire, que ocurran entre la hojas y ramas o en el mantillo del suelo. Observo huellas, nidos, telas de araña. Escucho vocalizar a diversas especies de aves y zumbar a insectos que me rodean. Puedo percibir la potente combinación de los olores que provienen de la presencia de mamíferos, la transpiración de las hojas, las cortezas de los árboles, sus flores y frutos, los hongos, y cada unos cuantos metros, la miel de una colmena alojada en algún hueco.

El río Negro, en el Pantanal Paraguayo, visto desde el monte.

sendero jurumi
sendero Jurumi, en la Estación Tres Gigantes

Sobre mi cabeza, los Ka’i Ygau o monos tití blancos arman un buen escándalo. En ocasiones, aunque no entiendo lo que dicen, sus suaves vocalizaciones me resultan muy dulces. Pero esta vez el griterío suena eufórico.

Sendero Arirai
enfrente, el Parque Nacional Otuquis (Bolivia)

Cada vez que puedo, llego hasta la costa. Las márgenes del río Negro son muy variables. Pueden ser pequeños barrancos acompañados por plantas leñosas hasta el borde, o pendientes con una inclinación mínima, más o menos anegadas según la estación del año, cubiertas de herbáceas.    En una curva me decido a bajar entre estas últimas, siempre verificando donde apoyo la bota.

Hay mucho más de lo que uno imagina en el primer golpe de vista.   Si hago ruido, sucede que asusto al ave posada entre los pastos que podría enfocar dos metros más adelante, provocando su vuelo. Entonces es prudente mirar de modo intermitente al nivel de mis ojos y al suelo, para llegar con los tobillos sanos. Al mismo tiempo, mis pasos pueden provocar que el carpincho o el yacaré recorran a toda velocidad la distancia que los separa del agua para sumergirse y desaparecer de mi vista.

yacare escondido
Jakare, Yacaré (Caiman yacare) oculto
Carpincho (Hydrochoerus hydrochaeris) escondido en la costa

Estos dos habitantes comunes del río y su monte, pueden acostumbrarse a la presencia humana y hasta parecer indiferentes. Pero esa no es la regla, sino las excepciones que viven donde nadie los molesta.

Como este Carpincho que un día salió del río, decidió seguirme hasta la Estación y terminó por entrar a la cocina.
o este y otros pequenos yacarés, que permanecían inalterados cuando echaba el kayak al agua junto a ellos.

Caiman yacare

La relación que mantuve con estos reptiles fue tan cercana como pacífica, en la tierra y en el agua.  Eso incluyó, por ejemplo, no ser tan estúpido como para jalar de sus colas.  Comprendidos entre los crocodiliosOrden sobreviviente de la extinción masiva del Cretácico-Terciario, junto a las Aves, sus parientes vivos más cercanos, son los únicos representantes del grupo llamado arcosaurios existentes en la actualidad. Se expandieron en el planeta contemporáneamente con los primeros mamíferos y con las plantas capaces de florecer. Lo han visto todo desde entonces.   A medida que me fui familiarizando con su presencia, mi empatía para con ellos fue en aumento. Cuando don Aparicio indicó donde protegía su nidada una hembra joven, me sentí muy feliz.    En guaraní se aplica la expresión jakare kuru, que significa que está cuidando de sus huevos. Si se tratara de un ave,  se podría traducir diciendo que está clueca. (Gallina clueca – Ryguasu kuru).

Casi en igual medida que me alegró el avistamiento anterior, me perturbó el siguiente individuo, que gruñía desde una sombra en el bosque, intentando disuadir a los humanos que lo observaban de acercarse más. Esta yacaré tenía cicatrices y deformaciones en la cabeza y partes del cuerpo, quizás producto de enfrentamientos o vaya a saber de qué, dándole un aspecto algo monstruoso. No pude evitar un poquito de tristeza, aunque sé que lo que sienta o deje de sentir al respecto no tiene relevancia.

Los animales de por sí ya temibles, que presentan anomalías o han sobrevivido muy lastimados a un ataque, me parecen motivo más que suficiente para dar origen a mitos y leyendas.


Continuando la recorrida por el monte, lentamente se me atraviesa un Lagarto Overo o Teju Guasu en el sendero.  Conozco a su especie de toda la vida y se que es capaz de pasar de la inmovilidad total a una veloz carrera de modo instantáneo.

Lagarto Overo, Teju Guasu, (
Salvator merianae)

Se trata de un generalista, que aunque prefiere comer huevos y animales (invertebrados y vertebrados), también ingiere frutas y otros vegetales. Si nadie lo agrede, convive en paz con la gente, e incluso se acostumbra a buscar alimentos en el entorno de nuestras instalaciones.   No falta quien le tenga bronca porque los pollitos y otros pichones de aves domésticas le resultan muy apetecibles.

El Teju (teyú), como algunos otros lagartos y salamandras, posee un mecanismo de defensa conocido como autotomía caudal. Se trata de la facultad de mutilación espontánea de su cola a través de músculos especializados, que, desprendida, queda moviéndose por algunos minutos. Esto ocurre normalmente cuando es perseguido o atrapado por un predador, pero puede suceder hasta por un susto. Si bien es una táctica natural, la pérdida provoca estrés en el animal, no sólo por la herida que demorará unos días en cerrar, sino porque la cola funciona como depósito de grasas, su reserva de alimento.Ésta casi siempre se regenera, vuelve a crecer, pero nunca igual a la original.Al igual que el del yacaré, el cuero del lagarto ha sido y es materia prima para la marroquinería, una industria que presiona la conservación de éstas y otras especies.  En menor medida, ambos son cazados también por su blanca carne.


Aunque más huraño para dejarse observar, en los senderos del bosque abunda el Teju hovy, llamado en castellano Lagartija metálica.   En la caminata lo encuentro tomando sol sobre un tronco, cargando las pilas.

Teju hovy  (Ameiva ameiva)

Muchas veces simplemente escucho como se escabulle entre la materia vegetal en descomposición, o apenas alcanzo a distinguir sus colores, más verdes y azules cuanto entrada su madurez.


Pero el que me hace pensar que habita cada árbol del Pantanal, es el Lagarto Espinoso, que se vale de la cripsis para pasar inadvertido. Se parece a su entorno. Mientras trato de enfocarlo, siguiendo sus vueltas alrededor de la rama, pienso en todos los que no vi y seguramente ellos sí a mi.

Lagarto espinoso, Lagarto de los Quebrachales (Tropidurus spinulosus)

Al igual que el Tejú, este Espinoso tuvo que deshacerse de su cola por algún motivo

Lagarto Espinoso

Si bien este lagarto arbóreo fascinante es muy exitoso, evitará como pueda encontrarse con el siguiente, llamado Teju León en jopara.


Me encuentro en el sur de la distribución de la Iguana, pero al bajar por la escalera de la casa de visitantes de la Estación, observo una “lagartija verde” que no puedo identificar.

Juvenil de Iguana iguana en el corredor de la casa de visitantes de la Estación Tres Gigantes

Optimized-Iguana iguana (juvenil) 3Para que sepa que ese bicho es una iguana muy joven pasará tiempo, a pesar de ver adultos en la copa de las palmeras e incluso atravesando el río a nado. Hace unos meses, Don Asterio captó una grande desde cerquita con su celular, y me mandó la foto.Iguana Iguana por don Asterio 2019

Para ilustrar este post, Oscar Rivet me cedió imágenes que me gustan mucho. En ellas se aprecian detalles de la cabeza y las garras de un individuo adulto fotografiado en Fuerte Olimpo.Iguana iguana (por Oscar Rivet) (3)Iguana iguana (por Oscar Rivet) (2)


Dentro del monte y con énfasis después de las lluvias, un aroma predominante me satura la nariz. No me doy cuenta desde dónde llega y me pregunto a qué mamífero corresponde, sin sospechar que proviene de un árbol.   Alexis, guardaparque con mucha experiencia, me desasna diciéndome – es el yvyra ne, el palo de ajo.

Yvyra ne, Palo de Ajo, Coyuacate (Microlobius foetidus)

Además de magnífico en sí mismo resulta ser un hospedero generoso, capaz de alojar diversos seres.       Bajo su oscura sombra, Don Asterio me muestra con total naturalidad, la belleza de una pequeñísima orquídea de tierra, que florecida aporta otro destello sutil al suelo del bosque.

Oeceoclades maculata Tres Gigantes
Oeceoclades maculata , especie tipo en su género.

Mientras avanzo en el sendero, todo se mueve a mi alrededor. Me percate o no. Son tantos y tan variados los artrópodos que permanentemente me encuentro con uno nuevo, con exoesqueletos abandonados o con construcciones de complejas sociedades en miniatura.

Dysdercus chaquensis
Chinche algodonera (Dysdercus chaquensis)

Mientras mis oídos atienden al canto de las cigarras que por momentos se vuelve ensordecedor, mi vista se desvía hacia un cangrejo rojo que abandona la orilla y avanza tierra adentro, expuesto a los más variados predadores, para los que me figuro que representa un manjar.

Cangrejo
Cangrejo Rojo, Dilocarcinus pagei (Trichodactylidae)

Optimized-Exoesqueleto 1

el exoesqueleto vacío…

 

… y la cigarra o ñakyra, emergida. (Cicadidae)

 

Termitero, Nido de termitas de árbol o Kupi’i (Isoptera)


Conozco a “fotógrafos de pequeños seres” sorprendentes. Algunos nutren páginas de internet y bases de datos en cantidades de las que se desprende que pasan miles de horas buscando entre las hojas, y quizás recuerden cada una de las imágenes, permitiéndoles saber que este bichito es nuevo para el ojo; el suyo y el de su cámara. Sucede que la diversidad es tan vasta, que aún viviendo 70 años en un mismo bosque, pastizal o cualquier otro entorno natural, siempre habrá nuevos avistamientos de un insecto en una actividad diferente, una arañita utilizando un método de caza o de cría distinto, y así indefinidamente en el tiempo.

Ojo de Lechuza, Caligo illioneus (Brassolidae)

Camino en los senderos de Los Tres Gigantes intentando enfocar todo lo que se mueva, tratando a la cámara como un arma que apunta y dispara. A ese ritmo fallo la mayoría de los tiros, pero me divierto muchísimo. Algunos días me concentro especialmente en las mariposas. Cada noche reviso los libros a los que accedo buscando a quién atrapé. Tiempo después comparto las imágenes que posibiliten identificar las especies a los amigos que saben hacerlo. Joaquín Movia reconoce muchas de ellas y por eso puedo entender algo más de cada una y publicar las que elegí, con sus nombres científicos. También me resultan de gran ayuda sitios como BioFaces y EcoRegistros.  A muchas las había visto numerosas veces, otras fue la primera.  Es el caso de la siguiente, que se quedó quieta lo suficiente para observarla a gusto.

Pseudolycaena marsyas (Lycaenidae)

Siendo un inexperto en lepidópteros, así como en innumerables otros campos, cuando vuelvo a mirar mis carpetas de fotos, apenas ordenadas por el día en que fueron tomadas, puedo llegar a creer que tengo dos especies al ver la mariposa con las alas abiertas en una imagen y cerradas en otra. Pongo como ejemplo a la que sigue, conocida como Gota Ocelada, en la que ambas fotos corresponden al mismo individuo.   En el Alto Paraná fotografié otras de su mismo género, que son relativamente parecidas

Dynamine postverta (Nymphalidae)

 

… la misma que la anterior

Como si la dificultad para reconocerlas fuera poca, algunas especies presentan dicromatismo sexual e incluso cambios estacionales en su coloración.  Además, la mariposa que vemos volar, libar, copular y poner huevos, es solamente el estadio adulto del insecto, y si me preguntaran a que especie corresponde una oruga determinada, en la amplia mayoría de los casos voy a quedar mirando hasta ponerme visco, sin atisbo de respuesta. Eso no me frustra, sino que festejo como un gol cada nuevo detalle que asimilo.

Hypna clytemnestra (Nymphalidae)

 

Pyrrhogyra neaerea (Nymphalidae)

La siguiente es llamada Princesa Perlada o también Pavo Real Blanco. Después de dejar el Pantanal, la vería todos los días en mi primer viaje al Chaco Boreal Seco.

Anartia jatrophae (Nymphalidae)

¿Y que me cuentan de la Picuda? La conocía por el libro de Gabriela Bentancur y sabía que las plantas en las que depositan sus huevos pertenecen al género Celtis, pero fue acompañando a un visitante en el sendero Jurumi que la vi por primera vez.

Libytheana carinenta (Riodinidae)

 

Libytheana carinenta
… la misma que la anterior

 

Melanis aegates (Rionidae)

Esta chiquita que sigue y la que viene después, conocida como Macario, así como algunas otras, las capturé desde el kayak, porque estaban libando en flores de la orilla, a las que no hubiera podido acceder caminando.

Ariconias glaphyra (Riodinidae)

 

Nisoniades macarius (Hesperiidae)

 

Mylon pelopidas (Hesperiidae)

 

Chiomara asychis (Hesperiidae)

 

Strymon rufofusca (Lycaenidae)

 

Dryas iulia (Heliconidae)

Aunque las anteriores pueden ser fácilmente visibles, eso no es lo que sucede con la mayoría, que son bastante más discretas. Pero la razón fundamental para no verlas es que las especies que son activas durante la noche son muchísimas más que las que lo son durante el día. La que sigue, que aunque es de hábitos mayormente nocturnos, la he visto volar en zonas de penumbra del bosque durante el día, si no se hubiera movido quizás habría pasado de largo frente a ella, a pesar de su gran tamaño. Algunas personas la llaman Polilla Bruja.

Ascalapha odorata (Noctuidae)

Si hace unos cuantos años me hubieran preguntado si las mariposas producen un sonido audible para nosotros, como mucho lo hubiera dudado antes de decir que no. Sin embargo en el recorrido por los senderos pantaneros, escucho, como tantas otras veces desde que empecé a prestar atención, el chasquido de las Hamadryas.  Este género de mariposas crípticas, llamadas Pororó o Estalladoras (Crackers en inglés), emiten una secuencia de clicks para lo que posiblemente se valen de venas especializadas en la percusión. Esto sucede, según leí, ante la presencia de un potencial predador, para defender un territorio y quizás durante el cortejo. Tomarles una foto no es un gran reto porque posan largo rato, cabeza abajo en la corteza de los árboles u otras superficies similares en color al dorso de su alas.

Hamadryas februa (Nymphalidae)

Mariposa 68

La lista y galería podrían continuar. ¿Cómo no va a ser así, si después de los coleópteros, mariposas y polillas son el Orden más abundante del reino animal? Algunas quedarán para otro día…

Cyllopoda sp. (Geometridae)

Que los insectos nos proveen de múltiples servicios está más que demostrado. Pero entre ellos, a los que les agradezco especialmente su colaboración para conmigo en el Pantanal, es a los odonatos. Tanto a las libélulas (infraorden Anisoptera), por seguirme en los recorridos devorando una porción de los mosquitos que por momentos me desesperaron, como a los caballitos del diablo (infraorden Zygoptera), por predar sobre las larvas de los mismos en el agua. Mis amigos de alas transparentes son abundantes, diversos y siempre presentes en el Pantanal.

Libélula 25

Haciendo más libélulas para el futuro!

 

Un pequeñísimo Caballito del Diablo sobre una hoja de camalote

Mientras vuelvo a la base empapado en sudor y embarrado, sonrío pensando en la colección de instantes silvestres que llevo en la tarjeta de memoria. Una ducha, un par de mates y de vuelta al monte!


De pronto abro los ojos y retorno del sueño consciente que me envolvía. Estoy en la casa en que nací, a pocas cuadras de la Bahía de Montevideo, pero el brillo de aquellos días está grabado en mis sentidos y en mi corazón para siempre. Quizás mañana vuelva otro rato mentalmente, para fotografiar las aves y los anfibios, remar en el río, tomar tereré con los muchachos o destapar una lata de cerveza caliente más, celebrando la suerte de observar y participar de eventos nuevos cada día, rodeado de amigos en el Gran Pantanal.

Atardecer desde el Kayak en el río Negro                           ( enero de 2017 )

Esta vez los agradecimientos van para las personas que soportan que les mande fotos preguntando la identidad de una especie o pidiendo la confirmación sobre otra, y para las que confían en que pueda saber algo o averiguarlo, y me envían las suyas. 


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Como un pequeño aporte bibliográfico, agrego estas tres páginas extraídas del libro “Áreas importantes para la conservación de aves del Paraguay”, en las que se describe el entorno en que transcurrió el relato de este post y que se pueden ver en tamaño completo haciendo click sobre ellas.. 

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11 comentarios en “entre el palmar y el río

  1. Como siempre sensacional publicación, disfruté mucho d e leerla y de mirar las hermosas fotos. A pesar que muchos nos dedicamos a la observación de naturaleza creo que la mayoría por nuestras latitudes desconocemos de su existencia por completo.
    Saludos

    1. Me alegra que te haya gustado Hernán! Seguramente es como decís, pero también hay los y las que saben mucho. Siempre es un placer encontrar a esas personas, escucharlas y compartir alguna salida de campo. Un abrazo grande y gracias por difundir el blog desde Aves de Argentina, que sigo atento.

  2. Hola Guillermo , como estas? Me encantó tu nota, tus fotos, casi sentía estar ahi!
    La leí y compartí en voz alta con mi marido, yo hago las fotos, él me lleva por todos lados, y me soporta ! Los amigos de Ecoregistros me ayudan con las Id, las paginas de Martín Abreu , Gabriela y otras también…. Te suena familiar? jjajajaja, bueno eso me pasó con tu relato, me sonaba como que estabas también hablando de nostros! Felicitaciones por que con este relato, y sus imágenes llegas al corazón!
    Saludos cordiales!
    Daniela Lowe

    1. Hola Daniela! Me alegra que les haya gustado la página. Este año todavía no publiqué nada y el editor de wordpress dice que tengo 10 borradores…
      Las fotos de este post ya tienen algunas más de dos años y otras más de tres. Pronto me pongo a tiro! .
      Sí, claro que me suenan familiares, es muy importante preguntar a los que saben y verificar en bases de datos. A través de la identificación de una especie se puede acceder a un montón de información sobre la misma, distribución, estado de conservación, comportamiento, relaciones con otras especies y con el entorno y un montón de asuntos más que son bien interesantes. La mayoría de las especies que tengo en imágenes identificadas, con una calidad más o menos aceptable, están publicadas en BioFaces, acá te dejo el link de la galería.
      Cada vez que no puedo determinar por mí mismo la ID de un registro me valgo de la ayuda de amigos que conocen en profundidad diversos grupos de fauna y de flora también. Ultimamente consulto en el foro de EcoRegistros.
      Me alegra que compartas salidas de campo con tu marido y también que haya más gente interesada en conocer la biodiversidad, porque es el primer paso para darle el valor que tiene y por lo tanto sentir empatía con cada organismo. Eso también repercute positivamente en muchos de nuestros hábitos!
      Les dejo también el link para el canal de youtube y un abrazo grande!

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