Bosque Atlántico Paranaense

Había una vez en la Sudamérica central, una extensión de selva lluviosa de aproximadamente 1.200.000 km² de superficie, con incontables cursos de agua, diversidad biológica asombrosa y un alto grado de endemismo. Allí cohabitaban con el jaguareté, el mboreví y la mbói kurijú, varias parcialidades de antiguos pueblos indígenas.

Güembe, mbuambé o Filodendro paraguayo ( Philodendron bipinnatifidum )
Güembe, mbuambé o Filodendro paraguayo       ( Philodendron bipinnatifidum )

DSCN0623x.jpgArtrópodos, aves, hongos y flores ponían sutiles notas de colores inimaginables en el concierto de infinitos verdes. Durante el día y la noche y en cada instante de ambos, la música-ambiente era particularmente hermosa y única.

Calliandra brevipes – Plumerillo rosado, Manduruvá

DSCN7704x.jpgAunque en los grandes pastizales el calor del mediodía fuera intenso, bajo los Yvyrá Pytâ cargados con órquideasbromelias y trepadoras, los Timbó y Ka’a ovetí, y, ni que hablar, a la sombra del Chachí, las gotas de agua pendían de las hojas en un microclima de altísima humedad relativa.

Chachí – Helecho arborescente – Tree fern –        ( Dicksonia sellowiana )

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Flor del Mburucujá ka’aguy, mburucuyá de monte,  Passiflora edulis  (ph: Josefine Schneider)
Floración del Yvyra Pytâ, Ibirapitá, Canafístula  ( Peltophorum dubium )

En cada rincón, entre las ramas y hojas, en el suelo, bajo el agua o en el aire, múltiples eventos se manifestaban al mismo tiempo. Imposible, aun con los sentidos aguzados, percatarse de cuanto sucedía. Ingenuo, pretender separar en partes aquel todo.

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                                        (Foto: Josefine Schneider)

Como en un circuito cerrado de perfecta eficiencia, cada tejido muerto volvía a incorporarse a la vida bajo la acción desintegradora de otros organismos. Nada sobraba, nada faltaba, en un jardín que se rediseñaba solo, constantemente.

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DSCN7866x.jpgPor estos motivos, y por muchos otros, no es raro que las 73mil hectáreas de bosque y pastizal que abarca la Cordillera San Rafael, porción sobreviviente de la selva paranaense ubicada en el norte de Itapúa y el sur de Caazapá, se la conozca en lengua guaraní con el nombre de Tekoha Guasú, que significa algo como el gran habitat, la gran morada o, como me lo explicó mi amigo Asterio, “el lugar grande donde vive la gente“.

DSCN8625x.jpgSi llegara a viejo, quizás podría contarle a los niños una historia maravillosa de cuando aún me sentía muy fuerte y, siendo más o menos joven, entré en mi moto por los caminos de tierra colorada, o yvy pytâ, hacia la profundidad de lo que aún quedaba de aquel mundo, visitando algunos de los fragmentos existentes, rodeados de agricultura mecanizada y amenazados por el extractivismo, acampando en su interior, bebiendo agua de sus arroyos, apreciando su abundancia y apretando las manos de sus pobladores nativos, así como las de algunos gringos amigos de la conservación. DSCN7997 (2).JPGAunque no es ése mi deseo, sino que la complejidad de aquella ecoregión nos sobreviva y sea valorada de otra forma por las siguientes generaciones. Pero, si bien el Bosque Atlántico del Alto Paraná es resiliente, no quiere decir que sea indestructible y la presión que actualmente soporta puede llevarlo a su desaparición en las próximas décadas.DSCN0578 (2).JPGSalí de Carmen por la ruta Graneros del Sur, en dirección al municipio de Alto Verá.  Pasé por Fram, La Paz (uno de los pueblos formados por la comunidad japonesa en el sur paraguayo, donde, entre otras cosas, una señora de rasgos asiáticos amasaba chipas para vender, mientras hablaba en su lengua materna con la familia) y, aún sin salir de los dorados campos de trigo que fueran selva virgen hasta los años 60 del siglo XX, atravesé Karonay y llegué hasta Inambú (o Ynambú que quiere decir perdiz o martineta). No pude evitar sentir un poco de angustia al ver en el camino carteles haciendo propaganda de una multinacional productora de agrotóxicos y semillas geneticamente modificadas.como llegar a procosara.pngSi pretendía entrar a la Reserva para Parque Nacional San Rafael, aquel era el fin del asfalto y sobre el sustrato rojo tendría que hacer rodar a la nave.

Con la tierra seca, eso no es ningún problema. En días lluviosos y después de ellos, es otro asunto, como lo comprobaría más adelante al quedarme sin provisiones y enterrar la moto luego de avanzar patinando tan sólo 100m en el barro, tratando de volver al pueblo. Como mi ánimo estaba inquebrantable gracias a las experiencias que estaba viviendo, me lo tomé con alegría y, con ayuda del monitor ambiental, la arrastramos hasta el pasto e hice los 10km a Inambú caminando y tomando fotos y la vuelta un poco a pie y otro en la caja de la camioneta de un lugareño que paró al verme andar tan cargado.

Mi primer contacto en San Rafael, era la familia Hostettler, fundadores de PROCOSARA y propietarios de un campo divido en un área productiva, en la que cultivan grano orgánico y otra exclusivamente destinada a la conservación, donde el equipo de la ong junto con guardaparques de la SEAM, entre muchas otras actividades, mantienen cuatro senderos interpretativos que permiten una aproximación a la diversidad del bosque. Me recibió la señora Christine y, a los pocos minutos, ya acampaba en su predio. Cuando cayó sol, me encontré tomando mate sentado junto a la carpa y la moto, completamente ensimismado en el canto del Urutaú, o Guamingüé por su nombre guaraní que hace referencia a la risa o al llanto de la madre vieja. Escuchar su lamento es una cosa pero verlo me tomaría varios días de busqueda y ayuda local. A partir de la primera mañana empezaría a trabar amistad con los guardaparques y con Josefine, voluntaria de la organización, por lo qué aprendería nuevas palabras en guaraní todos los días y mejoraría mi vocabulario en inglés recorriendo los senderos de PROCOSARA y compartiendo tiempo, comida, tereré, mate, cervezas y fútbol, con esta gente que tanto aprecio y de la que aprendí cosas que aún estoy procesando .DSCN8488x.jpg

12 comentarios en “Bosque Atlántico Paranaense

  1. El canto dela urutaú es increíble y la flor del burucuyá impecable. Ni que hablar del amigo sapo. Me sorprende el color de la tierra. Es tremendo. Gracias por tantos regalos hermano !!!

  2. Maravillosa tu actividad y aventura! Cuando relatas, puedo ver cada vivencia… Ojalá puedas contarle a niños y no niños como yo cada viaje para transmitir conocimientos y contagiar ese entusiasmo que cuida la naturaleza.

  3. Este lugar es uno de mis favoritos… la variedad de formas y colores, entre flores, insectos y hongos, humedecido por un ambiente lleno de seres que dan vida a un mundo de hadas real…en cada hoja se celebra una reunion fantastica, una cancion en el aire, la lluvia esta en las hojas…demasiado remedio hay… las aves guardianas y sembradoras se mueven entre las ramas brindando notas y matices a la sinfonía.. abrazo de güembe

  4. Maravilloso lugar! Que bien que esta PROCOSARA… ojala hubieran cientos y se conservara el tesoro verde que nos queda… y que se expanda! Abrazo de Caro y Delfi

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