empezando en Itapúa

El pueblo paraguayo carga con un estigma terrible fomentado por las dos enormes economías vecinas. Dicen que es violento, que es peligroso. Tratan de convencer de eso a cada extranjero que se acerca a sus fronteras y muchas veces lo logran. Durante cinco meses recorrí el país, sus zonas rurales, sus selvas, su serranía, sus ciudades y pueblitos. Nunca, pero nunca, tuve un problema. Y no sólo eso sino que me encontré con gente hospitalaria y dispuesta a compartir lo que tuvieran, mucho o poco, en cada rincón por el que pasé. Varias fueron las casas donde me invitaron a comer, tomar tereré o a quedarme a dormir, aunque fuera colgando mi hamaca o armando la carpa, a falta de otra cama. En ocasiones se detuvieron a preguntar si precisaba algo, cuando me encontraba con la moto parada a un lado del camino, tomando fotos. Paraguay fue castigado en su pleno desarrollo por la Guerra de la Triple Alianza, un acontecimiento bélico avergonzante para la historia de brasileros, argentinos y uruguayos. Ni que hablar de los británicos, eternos beneficiarios del derramamiento de sangre ajena. Recuperarse de la guerra total, que casi los lleva al exterminio, es solo para tigres y tigresas. La resiliencia indígena tiene mucho que ver en esto. Ahora sé que el que habla mal de los paraguayos como pueblo es porque, o bien nunca recorrió su tierra y repite bobadas, o solo llegó hasta Ciudad del Este, o quizás a Pedro Juan, a tratar de regatear precios en esa actividad que llaman turismo de compras, o porque, por algún motivo, prefiere difundir el miedo.

Para interpretar la idiosincrasia de tal o cual lugar, hace falta conocerlo en persona, andar por sus caminos, tratar de comprender algo de su lengua, experimentar la comida, bailar a su ritmo, adentrarse en los secretos locales lo más profundamente posible. Pero también es importante saber que las naciones están compuestas de individuos y que generalizar es una forma simplista de abarcar algo complejo. Tanto viajando como recibiendo gente, sentí afinidad con personas nacidas en todos los continentes, así como también, en otras situaciones, sentí mucha rabia. La experiencia del viaje sólo la hace el viajero y ella, a su vez, lo alimenta y lo forma.

Catedral de Encarnación
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Mbiguás se secan al sol cerca de Carmen del Paraná

Mi viaje por Paraguay empezó en el rico departamento de Itapúa, granero del país. Con la bobina del estátor liquidada llegué a un taller donde sus dueños son magos con las máquinas y realmente saben lo que es hacer mucha ruta sobre dos ruedas.

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El Paraná y la costa de Misiones (ar) desde el mirador de la Virgen de Itacuá

Mientras la nave volvía a ponerse en forma, tuve oportunidad de compartir salidas por la ciudad y largas conversaciones que a veces mezclaban varios acentos, tres o cuatro idiomas y sus traducciones. Combinando recomendaciones, fui haciéndome un itinerario de los lugares del departamento que quería conocer previamente a dirigirme a la Reserva para Parque Nacional San Rafael, que más adelante aprendería a llamar Tecohá Guasú y que era mi objetivo prioritario en Itapúa. Antes de abandonar el área de Encarnación, fui en el asiento trasero de la inagotable máquina sueca, veterana de varios viajes al chaco boreal, conducida por Thomas, que nació alemán y se crió paraguayo rural en las cercanías de Valenzuela, por lo que habla indiferentemente su idioma materno, castellano y guaraní, y en compañía de Frank, un berlinés que ha caminado América Latina de punta a punta, a visitar el santuario de la Virgen de Itacuá, también conocida como Virgen de los pobres.

Virgen de Itacuá en las afueras de Encarnación

En Paraguay, como en casi toda Latinoamérica, el sincretismo es rico y variado. Multitudinarias son las peregrinaciones, principalmente a Caacupé, pero también mucha gente se dirige a Itacuá, cada 8 de diciembre.  Las embarcaciones que pasan frente a la punta donde se encuentra la gruta de la Virgen, la saludan haciendo sonar sus sirenas, en agradecimiento y reconocimiento de su protección. El mirador allí ubicado, permite una vista espectacular del Paraná y variadas aves y mariposas pueden apreciarse en sus alrededores.DSCN6997 (2).JPG

Cuando nos íbamos, desde la ventana vi un grupo de Ano’í, o Pirinchos Negros como los llamamos en Uruguay. Nunca los había fotografiado, por lo que Thomas paró para que pudiera hacerlo. Al ver que estaba bastante emocionado, se empezó a reír. + ¿Qué pasó?Nada, que cuando vayas al campo los vas a ver por todos lados. También me reí y me acordé de la historia del ornitólogo español que, mirando a un Tero en el norte uruguayo, no paraba de decir cosas como: – ¡Qué ave tan hermosa!¡Qué colores tiene!.  A veces lo que para uno es normal, para otro es sorprendente. También de eso se trata la diversidad. Mi amigo tenía razón, vería a estas aves por montones, a veces formando bandadas mixtas con pirinchos comunes o piriritas, como se les dice en Paraguay. Unos meses después, andando en moto por la sierras de Paraguarí, se me cruzaría un Tucán Negro por delante, y al comentárselo a un amigo local, me diría algo como –Sí, un tucán. Vení que te voy a mostrar otra cosa , dándome a entender que para él estaba dentro del común de los acontecimientos, lo que para mí era un avistamiento único.

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Crotophaga ani – Ano’í , Anó Chico , Pirincho Negro

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DSCN7013 (2).JPGAl despedirme de los muchachos, que seguían viaje, con la promesa de visitar su casa en Cordillera, ya tenía definida la ruta tentativa dentro de Itapúa.  Primero iba a ir al Indio Dormido, luego a Trinidad y Jesús de Tavarangüé, de ahí a Carmen del Paraná, después a San Cosme y Damián, para finalmente tomar la ruta Graneros del Sur y dirigirme hacia el municipio de Alto Verá, con la idea de adentrarme lo más posible en las 70mil héctareas remanentes de bosque atlántico-paranaense que aún subsisten en la cordillera San Rafael.  Lo conseguiría, viviendo nuevas experiencias que permanecerán en mi memoria junto a las mejores que colecciono hasta hoy.  Esa noche, de nuevo en la costanera de Encarnación, esperé paciente a que las nubes dejaran un hueco, para poder tomarle una foto a la Superluna de octubre de 2016 y recibir la luz solar reflejada en ella ya que, algunxs amigxs, me habían avisado que me sería de gran utilidad en el camino.

Superluna del 16 de octubre de 2016 sobre Encarnación

 

7 comentarios en “empezando en Itapúa

  1. Estar viajando es cuando te encontrás con cosas (situaciones, personas, lugares) que para la mayoría son ordinarios, pero a ti te sorprenden. Y el viaje termina cuando eso que te sorprendía pasa a ser ordinario. Ahí es cuando hay que moverse.
    A seguir sorprendiéndonos con tus fotografías!

  2. Grande G….estoy sin palabras……como siempre digo…..son demasiadas coincidencias en un día, como para sean coincidencias….las cosas pasan por algo….saludos Mi gran Amigo…

  3. Notable y al punto la aclaración, el pueblo paraguayo es re hospitalario y amable. Gracias G…, esta es una de las mejores “fotografías “del pueblo paraguayo. Grande amigoooo
    Abrazooooooo

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