de cómo llegué al Paraguay

  • Si empieza a llover y no avanzaste mucho, date la vuelta porque se va a poner intransitable y hasta se te puede complicar para salir si sube el agua. Esa fue la advertencia con la que arranqué la moto sobre la ruta provincial 40 hacia el norte para empalmar con la 41 hasta la ruta nacional 12, dispuesto a alcanzar la ciudad de Posadas esa misma noche. Me quedaría con ganas de navegar en la Laguna de la Luna, aquella que, me contaron, es transparente de tal forma que se puede ver el fondo desde el bote, debido a que uno de los incendios de pastizal provocados por los estancieros había alcanzado el tendido eléctrico, dejando sin energía ni agua potable a la estación de guardaparques de la localidad de Galarza. ¡Quizás la próxima vez!
  • Uruguayo, sos un loco, pero si no llevaras tanta carga, me gustaría subirme en tu moto y hacer el recorrido juntos, me dijo en broma, con una sonrisa cómplice, el señor que me vendió 5 litros de nafta a la salida de Pellegrini. Y agregó: – Volvé a pasar por acá, aunque no precises nada. Que me digan loco, no es novedad. Lo escucho hace décadas. La mayoría de las veces de forma cariñosa, y hasta me gusta (¿quién disfruta de estar demasiado cuerdo?), pero otras con ira, llevándose el dedo a la sien, con los ojos desorbitados, inyectados en sangre. A esas últimas, nunca les presté atención. Con el tiempo aprendí que tales expresiones vienen de personas que temen a la vida, a la muerte y a las opiniones, por lo qué, son muy desgraciadas siempre. Confío plenamente en mí mismo y en las decisiones que tomo. Si me equivoco, es mi asunto. Pero, si en cambio siguiera los consejos conservadores que me han instado siempre a quedarme en el molde y llevar una vida convencional, muchas experiencias, que me han enriquecido espiritualmente y que forman lo que soy, jamás hubieran ocurrido. Moriré a la mera hora, ni un día antes, ni 20 segundos después. Mientras tanto acá estoy, haciendo mi aventura vital como puedo y como más me gusta; nutriéndome del respeto de la gente de emociones nobles, de la sabiduría de los que superan los prejuicios y de la naturaleza; tratando de aprender algo y compartir lo que tenga a mano.
  • Con los muchachos del camping quedó mi Biblia de las Aves, como me gusta llamar a este libro:gabriel-rocha-2
  • A cambio me llevé otro, igualmente hermoso, sobre la basta avifauna del Estero junto a una completísima guía que compré en un local, propiedad de uno de los guardaparques de la estación Agua Brillante.
  • Todavía tuve tiempo de observar una vez más la laguna Iberá, rebosante de biodiversidad y decirle mentalmente: + Gracias por todo. En cualquier momento estoy por acá otra vez.dscn6854-2

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    Syrigma silbilatrix – Garza Amarilla, Garza Silbadora , Chiflón
  • A escasos 7km del punto de partida, me detuve en un pequeño cementerio con el deseo de encontrar a un ave del espinal que en mi país está al borde de la extinción en estado silvestre, producto de la caza para enjaularlo y venderlo como mascota. La arrogancia de encerrar una criatura para admirar la belleza de su imagen, la de su canto o cualquier otra, advierte cuán miserables, o ignorantes en el mejor de los casos, podemos ser. Si bien lo vi, la foto que le tomé presenta solo una raya del color del ave, pero no la borro, es la única que tengo de un ejemplar en absoluta libertad. Mientras esperaba aproveché para fotografiar viejos amigos.DSCN6884 (2).JPG
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    Paroaria coronata – Cardenal , Guyrá tirí
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    Phacellodomus ruber – Espinero Grande
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    Colaptes meanchloros – Carpintero Real o Nuca Roja
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    Enterolobium contortisiliquum – Timbó, Oreja de Negro

  • Unos cuantos km más adelante me detuve en un pequeño curso de agua. Un yakaré se sumergió ni bien me asomé a mirarlo. No estaba tan manso como los de Pellegrini, completamente acostumbrados a los motores de las lanchas y al barullo de los turistas. Entre los matorrales sonaban los silbidos de varios Federales y, de pronto, una garza bruja se alzó en vuelo y detrás de ella otra y luego otra y una más. Conté ocho ejemplares entre adultos y juveniles y disparé muchas veces aun sin esperanza de capturar una imagen definida. Pero un poco de suerte tuve esta vez.
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    Nycticorax nycticorax – Garza Bruja ( juvenil )

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  • A pesar de estar recién en octubre, la arena del camino refractaba como rabiosa el calor del sol, haciéndome más difícil mantener el control de la moto que patinaba a izquierda y derecha, una y otra vez. Y es que esta máquina fue diseñada para el asfalto pero la hago rodar sobre cualquier tipo de camino, en este caso cargada con pesado equipaje, entre equipo para acampar y cocinar, comida, herramientas, abrigo y libros. Primera, segunda, tercera y de vuelta segunda, sin poder alcanzar los 40 km/h durante largo tiempo. Desde el alambrado, una tropilla de burros que me observaba con curiosidad, me acompañó con la mirada. Para el resto del ganado tampoco pasé desapercibido. + Si se me queda la nave por acá, les prometo que vengo a triscar los duros pastos que brotan en esta tierra con todos ustedes… .DSCN6942 (2).JPGDSCN6921 (2).JPG Una pareja de ñandúes empezó a correr al verme, pero a los pocos metros se detuvieron tranquilamente. Creo que se percataron de que mis posibilidades de alcanzarlos eran nulas. Decidí hacer caso omiso del paisaje y fauna para concentrarme solamente en mantener el equilibrio y abandonar aquel tortuoso camino cuanto antes. Pero soy un observador fanático a veces, capaz de caerme en un pozo por seguir con la vista el vuelo de un pájaro. Y así fue qué, cuando me encontraba atravesando una zona forestada con pinos, se me cruzo por delante un ave corredora que es más fácil oír que ver y en seguida grité: + Iuuuuuu!!! Martineta!!. Mis ojos se desviaron hacia ella y me olvidé de mi reciente decisión. Acto seguido estaba acostado en la arena con la moto tumbada de lado. De un salto me paré y traté de levantarla. El combustible salía del tanque por la boca. Si lo perdía, allí mismo me iba a quedar hasta que alguien viniera o tendría que abandonar mis cosas y seguir a pie. Rapidamente desaté todo y, con la mayor fuerza que fui capaz, la volví a parar sobre sus ruedas. De pronto me encontré a mi mismo riéndome mucho en completa soledad. – ¿Será que ahora sí me estoy volviendo loco? . Seguí el viaje con la misma dificultad con que la venía pero mi otrora mansa yegua rugía como un dragón herido. Y era que su corazón había sangrado y clamaba por un mecánico, por un cirujano o quizás por un brujo que la sanara. + ¡Aguantá! ¡No pasa nada!!, le dije, como lo haría conmigo mismo, llegado el caso. Al rato divisé una gran columna de humo que ascendía oscura desde el campo. Iba a experimentar en carne propia el calor de las quemas que tienen como táctica los terratenientes para acelerar el renuevo del pasto. DSCN6946 (2).JPGDecenas de chimamgos y otros rapaces, seguramente ya conocedores de acontecimientos como éste, se alimentaban, sin más dificultad que la competencia entre comensales, de los roedores, pequeños reptiles y anfibios que huían del fuego.

    Para mi total sorpresa, en medio del humo y el calor, un niño arrastraba un camión de juguete por el camino de arena. La única vivienda visible estaba a unos 800 metros, si no más. ¿Qué hacía ahí?.DSCN6947 (2).JPG

  • Varios km más adelante y habiéndome alejado ya de aquella bizarra situación, llegué al empalme con la ruta 41. El camino era de tierra, por lo qué, pude afirmar un poco el puño en el acelerador. Pero algo llamó mi atención nuevamente. Una parejita de Yetapá de Collar bailaba en al aire. Me detuve y saqué la cámara. Ambos se posaron a escasos metros de donde estaba y, de espaldas al sol, sin bajar de la moto, pude tomarles hermosas fotos. Si hubiera tenido como contarle a la guardaparque de Rincón del Socorro que por fin fotografiaba a una hembra de esta emblemática ave de Corrientes, lo hubiera hecho de inmediato. ¡De nuevo me sentía muy feliz!.
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    Alectrurus risora – Yetapá de Collar ( macho )

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    Alectrurus risora – Yetapá de Collar ( hembra )
  • Aún tendría oportunidad de avistar ariscos Venados de las Pampas antes de enfrentar el último tramo para llegar a la ruta nacional 12. Estos no fueron reintroducidos; nacieron y crecieron sin abandonar su estado salvaje. Son los primos correntinos de mis amigos de Arerunguá y les deseo miles de años más, corriendo, pastando y reproduciéndose en su tierra natal.
  • Un cartel advertía que me quedaban todavía 40km de tierra, pero el estado del camino me hacía pensar que me había metido en un videojuego de realidad virtual, donde cada nivel era más absurdo que el anterior. Paré, lo documenté y seguí, evitando meter la rueda en los surcos que quien sabe que vehículos pesados y potentes habían dibujado cuando el camino debió ser una lengua de barro.DSCN6996 (2).JPG
  • Agotado llegué al asfalto de la 12. Aún restaban 60km hasta Posadas. Pero sentí algo muy raro al ver la ruta por la que transitaban vehículos a gran velocidad. Me di vuelta y observé por donde había venido. Pensé en los 160km de locos que había hecho y me dio ganas de volver al arenal, a ver de nuevo a los yacarés, los federales, el angú, los yetapá y todas las criaturas y cosas hermosas de las que había estado rodeado en el Iberá.
  • Con el tanque casi vacío y la noche dominando el cielo, pasé bajo el arco que reza: Bienvenido a la Tierra Colorada. Usted está en Misiones y poco después paré en una estación de servicio donde el pistero, que resultó ser motoquero de ley, me dijo. – Loco, ¡Como venís! ¡Hay que sacarte una foto!. Razón no le faltaba. Traía tierra hasta adentro de la boca. Pero también traía un coraje bárbaro que me motivó a tomar la decisión de cruzar por el puente San Roque González de Santa Cruz sobre el Paraná, así como venía, terminar momentaneamente mi viaje por la Argentina y entrar en esa tierra maravillosa, que tanto amo y que está juridicamente contenida en la República del Paraguay.
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    Puente Internacional sobre el Paraná que une las ciudades de Posadas (ar) y Encarnación (py)

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    Posadas vista desde la costanera de Encarnación
  • Encarnación, la perla del sur, me recibió tranquila, como ella es, para que rompiera por unos días con mi fundamentalismo de acampante y durmiera en la cómoda cama de un hostel que recomiendo plenamente. Aún no lo sabía, pero, en los días siguientes, tendría la fortuna de conocer a algunas de las personas que me guiarían por las profundidades del interior del país en los meses consecutivos, como mi querido amigo Thomas, que más adelante sería, junto a su familia, mi anfitrión en el Paraguay central y con el que estoy profundamente agradecido.
  • A la mañana siguiente, después de intercambiar algunos mensajes con mi dulce sobrina mayor, en aquel momento embarazada de mi primer sobrinanieta, caí en cuenta de que nunca había estado solo en mi travesía, porque muchas y muchos viajaban conmigo, abrazándome con sus pensamientos y protegiéndome con sus mejores deseos y que tampoco había estado mal acompañado en ningún momento, porque había dejado lejos de mí a los qué, con su férrea mala onda, jamás aportaron más que críticas y excusas para justificar que no se animan a ser libres, que no pueden parar de sentenciar todo aquello que no entenderían ni aun dibujado en un pizarrón y que si, por algún motivo, se les presentara la más hermosa revelación mística, correrían asustados en busca de un psiquiatra para que los devolviera a la somera seguridad de su tedio. Más adelante haría caminos todavía más duros, cada vez más seguro y más dispuesto a ampliar mi corazón. El viaje recién comenzaba.dscn0732-2

7 comentarios en “de cómo llegué al Paraguay

  1. Querido G… , tu relato nos traslada a los lugares que transitaste y en los que viviste intensamente de una forma muy clara y diria que por momentos poética . Buenísimo, gracias otra vez

  2. El aire que llega y recorre nuestro ser , los colores que estallan ante nuestra vista e impresionan hasta el alma es lo que me trasmite esta vivencia que relatas . Vamo arriba!

  3. Increíble el ibera💗
    Y que duras esas rutas antes de llegar a la 12!
    Y nada menos que agradecerte por compartir cada día este viaje! Te siento más cerca que nunca… y tu sobrinanieta se quedo dormida escuchando el relato💗💗👶
    Gracias!! Abrazos

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