Esteros del Iberá ( 1 )

Volando iba por la ruta 14 hacia el norte y cuando llegué a la altura de la entrada de Montecaseros pensé en el Rincón de Franquía, el área protegida ubicada más al norte del Uruguay, desde donde se pueden ver las costas correntinas y gaúchas al mismo tiempo si uno se sube al mangrullo de la triple frontera allí construido. Me encontraba a la misma latitud que aquella puntita noroeste del departamento de Artigas, próxima a la ciudad de Bella Unión, que se clava entre Brasil y Argentina en la confluencia de los ríos Cuareim y Uruguay.  En 2015 acampamos allá y no defraudó en absoluto. También en aquel lugar pensé en cuánto monte se ha perdido en manos de los monocultivos y decidí volver a acampar a la vuelta del viaje, como primer parada otra vez dentro del territorio uruguayo. Ese refugio del yacaré y de enormes Ibirapitás lo tengo grabado entre mis mejores recuerdos.

Y por la 14 seguí hasta la 119, la que tomé en dirección a Curuzú Cuatiá que significa cruz de papel. En el paisaje dominaban árboles espinozos de mediano porte distanciados unos de otros unos 4 metros en promedio, dando forma al espinal, como en Argentina se llama a esta clase de monte. En la entrada de Curuzú un policía me hacía señas con un palito anaranjado y pensé que andaría con ganas de revisar mis bolsos, cosa que nadie hizo en la frontera con Argentina, ni después al entrar al Paraguay. Pero sus palabras, en evidente acento correntino, no tenían nada que ver con mis preconceptos. – Pero che amigo, que máquina, ¿de donde viene? + Buenas tardes. Del Uruguay. – Yo tengo una Zanella 150, quiero ir a Córdoba, ¿llegaré? + ¿Y cómo no va a llegar?.

Más adelante me encontré nuevamente con ñandúes. En los pastizales correntinos también corren las aves gigantes. A pesar de que he tenido oportunidad de verlas muchísimas veces en estado silvestre, siempre me detengo unos minutos a observarlas porque nunca dejan de maravillarme.

La 119 me llevó hasta Mercedes donde me aprovisioné lo mejor que pude porque sabía que la cosa se podía poner brava, tanto por el estado de la ruta provincial 40 que tomaría en dirección a  Colonia Carlos Pellegrini como por el precio aumentado de los productos básicos en una zona un tanto aislada y visitada mayormente por personas que practican el ecoturismo, aunque, en muchos casos, no me queda muy claro qué es lo que, para ellos, significa tal actividad.  Quien haya circulado por las rutas argentinas sin duda habrá visto el siguiente cartel. Estoy convencido de que cualquier guerra es un desastre y que los que las fomentan y se benefician de ellas dificilmente sufran o caigan en el campo de batalla. Pero también sé que el colonialismo en América es un fenómeno actual, aunque sus métodos no sean exactamente los mismos que durante la conquista. Aún así, soy escéptico en cuanto a los nacionalismos. En nombre de las patrias se ha hecho carne de cañón de generaciones enteras.  Sudamérica es un subcontinente extremadamente rico en recursos por ser megadiverso, pero la distribución de esa riqueza da miedo por desigual y la destrucción de su vida silvestre me produce una tristeza profunda.dscn5338

Luego de hacer, más o menos, 30km, la 40 se puso dura, pero no imposible. Sin correr, hice sin ningún problema los 90km restantes. Y en este trayecto me detuve varias veces a observar fauna que iba creciendo en cantidad y diversidad como avisándome que me aproximaba a la laguna de Iberá.

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Tyrannus savana – Tijereta o Jhuguay-Yetapá
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Alectrurus risora – Yetapá de Collar

Ya estaba más que contento de haber avistado y fotografiado a varias tijeretas y al yetapá de collar, una de las aves emblemáticas de la región, pero encontrarme por primera vez con un guasú pucú o ciervo de los pantanos me emocionó. Se trata de la especie de ciervos más grande Sudamérica, distribuída desde el sudeste de Brasil hasta la Argentina, amenazada de extinción globalmente y mermadas sus poblaciones en varias zonas de su área original. Antiguamente también se lo encontraba en el Uruguay, pero su desaparición hoy está tristemente confirmada. Dónde no se lo molesta se vuelve un animal relativamente manso y fácil de ver.

En los siguiente días me encontraría con otros machos mayores y con hembras, incluso preñadas. Algunos están en el siguiente video.

Faltando ya sólo 30km para llegar al puente sobre la laguna que da acceso a Pellegrini, pasé frente a la portera de la estancia Rincón del Socorro, una de las propiedades del fallecido Douglas Tompkins y su señora, sobre la cual había leído bastante y visto videos de algunas de las actividades que se realizaron y realizan en cuanto a reintroducción de especies localmente extintas. En unos días volvería para nutrirme de experiencia.dscn5683-2dscn5387-2Cuando llegué al puente sobre la laguna confirmé que el agua realmente brilla allí, como el nombre Iberá lo indica en guaraní. En seguida me instalé en el camping donde me recibieron los muchachos que allí trabajan y con los que estoy muuuuy agradecido por los días compartidos. Además de ellos, las aves y los carpinchos parecían darme la bienvenida también. La abundancia de colores, formas y cantos me deslumbró desde la primera tardecita y supe que necesitaría de varios días para poder empezar a entender un poco acerca de este humedal, el segundo más grande del mundo, sólo por detras del Pantanal.

El capataz me preguntó: – ¿Le gustan las aves? Ahí hay un Hocó Colorado con nido. + ¿Un qué?, perdón. – Tigrisoma lineatum, señor. dscn5413-2En Uruguay a esta ave se la llama Garza Colorada y en Paraguay Hocó Pytá, que quiere decir lo mismo en guaraní. Evidentemente, en Corrientes, estaba a mitad de camino y eso explica la denominación que el hombre le dio al bicho en cuestión.  Enseguida agregó: – Ahí enfrente hay un Yacaré Negro tomando el sol.yacare-negro-1dscn5411-2No podía ser mejor lo que empezaba a vivir. Y en cuanto tuve mi campamento pronto al lado del quincho que me adjudicaron, una ratonera carente de miedo se posó a menos de un metro de donde estaba y cantó con magnifica inspiración mientras la filmaba. A esa ave pequeñita pero de voz potente, que tanto me costó fotografiar adentro de la ciudad y tan poco en el campo, aprendería a llamarla Masakaragua’i, un mes después con mis múltiples profes de yopará, ya en tierras paraguayas.

Para terminar un día glorioso, la puesta del astro rey sobre el Iberá puso el broche de oro, o más bien de cobre.

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