El Palmar, Entre Ríos ( 2 )

Las aves y los murciélagos han desarrollado el vuelo activo, un triunfo de la evolución que nosotros admiramos con los pies en el suelo. Por eso, para ellos, el río no es una frontera infranqueable, como puede serlo para las vizcachas. Las especies que tienen la capacidad de volar o de nadar distancias importantes, tienen mayores posibilidades de expandir sus poblaciones a lugares separados por cursos de agua e incluso, a veces, por mares. De ahí que la avifauna entrerriana sea mayoritariamente la misma que la del Uruguay.  Como desde que llegué al Palmar había avistado muchas especies, desde bien temprano las esperé con el mate y la cámara prontos. En pocas horas fotografié muchas sin abandonar las 7 hectáreas del camping, contenido en las 8500 totales comprendidas por el parque. El comienzo de la primavera me dio la ventaja de poder tomar a ambos miembros de las parejas y, entre ellas, llegaron los Fuegueros.

Poco después me crucé un casal de Reinamora y recordé como mis amigos en Tacuarembó combaten a los dañinos que tratan de enjaularlos con sus trampas.

Al rato, desde un molle, sentí el enérgico golpeteo de un carpintero, pero ¿cuál sería?. Y mi alegría fue grande al dar con uno de los más pequeños que existen, el llamado carpinterito barrado que no supera los 8cm y, aunque inquieto, es muy confiado.

Los dorados o jilegueros dorados, como se llaman en Argentina, abundaban entre los árboles y también en el suelo.dorado-1

Los pepiteros grises y los de collar, conocidos en Uruguay como Rey del Bosque, ubicados en lugares visibles, entonaban sonoros cantos.

No faltaban activos Cardenales de Copete Rojo y entre el follaje chillaba el inquieto Arañero Silbón o reinita silbadora.

Caminando por los troncos, incluso de forma vertical y hasta cabeza abajo, andaba el Trepador Chico o Chinchero Chico. A muchos les sorprende la adaptación de su pico con el que captura artrópodos en la corteza de los árboles y a mí también, pero son sus patas zigodáctilas , disposición de los dedos que comparte con los carpinteros, lo que más me llama la atención. Esta característica es la herramienta que le permite prenderse como lo hace.trepador-1

En la noche del día en que llegué, armó su campamento un muchacho en el claro del camping ubicado en su última zona, ya cerca de la bajada al arroyo y donde estuve al atardecer sentado con unos 20 carpinchos que salieron a pastar al espacio abierto cuando la luz se hizo menos intensa. Fue, por dos días, mi vecino más cercano y también lo encontré en el parador y proveduría, donde ambos fuimos a usar el wifi. Cerca del mediodía, cuando aún seguía intentando tomar imágenes como las que publiqué más arriba, apareció caminando, binoculares en mano, y me señalo: –Mirá ahí, un lagarto.  +Sí, es grande y qué lindo es.

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Tupinambis tequixin

Lo observamos mientras regulaba su temperatura corporal absorbiendo la energía solar. Luego, como meditando cada movimiento, lo vimos retirarse a su guarida.

Le pregunté entonces hacia dónde había salido a caminar. – Fui hasta el mirador Palmar. Caminé un montón pero no vi nada. Se ven más aves acá en el camping. Encima ayer perdimos con Boca. De ninguna manera me burlo de las expresiones de este hincha del granate, primero porque valoro su actitud de recorrer en solitario los 380km que separan al parque nacional de su localidad para venir a apreciar la fauna nativa. Además, no me olvido de que, para identificar a esa pequeña manchita azul y amarilla que se movía entre los árboles cuando bajaba a la cañada en la chacra y luego saber que se trataba de un pitiayumi, demoré varios años, pero una vez que tome conciencia de su existencia, lo volví a ver casi todas las veces que pasé por ahí. Por último, nunca dijo que no había nada, sino que él no había visto, lo que es muy distinto. Ver es, a veces, difícil y tomar una foto precisa, ni que hablar. Decidí entonces hacer esa caminata al día siguiente.

Además de fauna, el parque tiene una flora espectacular, de la que están intentando erradicar lo exótico para reponer las nativas. Mientras me dirigía a la costa del río, me detuve un instante a sentir el aroma de las lantanas que me retrotrae al jardín de mi infancia. Plantarlas en casa es un buen truco para atraer mariposas.

La costa sobre el Uruguay consiste en playas de arena pero también de barrancos pronunciados. Enfrente, el departamento de Paysandú se ve claro y cerca.

Dentro del parque conviven con el palmar, ambientes de pastizal y espinal. A este último en Uruguay lo llamamos monte parque, porque la distancia entre troncos es mayor que en otros conjuntos de árboles, y es habitat del ñandubay, el espinillo y el tala, entre otros. En cada ambiente, y en la transición entre ellos, se refugian y alimentan los animales que han coevolucionado con estos entornos. También, acompañando a los cursos de agua se puede  recorrer el monte o selva en galería, que representa una extensión fragmentada de la selva misionera o paranaense.  Existen, en el Palmar, varios senderos, distintos uno del otro, en los que se disfutan paisajes y eventos variados, si uno presta atención. Decidí recorrerlos todos antes de seguir viaje. También valió la pena visitar el sitio conocido como La Calera de Barquín, que ha sido relevante en varios episodios de la historia de toda la región. Comenzó como una fábrica de cal, operada por indígenas de la compañia de Jesus, en el siglo XVII y así siguió hasta que, poco más de un siglo después, los jesuitas fueran expulsados por orden Carlos III.  El principal uso de la cal era el tratamiento de cueros, una de las materias primas más utilizadas en la época.  La vida continuó y, entre el año 1811 y 1819, fue ocupada por el ejercito de Artigas hasta ser atacado por la flota luso-brasileña, entre otros eventos, algunos detallados en carteles y también en la información disponible online.

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Afloramientos blancuscos de piedra caliza que era extraída y cargada por indígenas, esclavos africanos y peones para quemar en los hornos. Esta extracción modificó el paisaje, despojándolo de parte del suelo.

Las ruinas de los hornos, la capilla y la existencia del cementerio bajo una plataforma de hormigón que se construyo en 1950, son recuerdos de una época de trabajo forzado e insalubre, de esclavitud y de gran deterioro ambiental. Desearía que nunca hubiera ocurrido.

El cielo empezaba a amenazar con lluvia. Aún así me mandé a la caminata hacia uno de los miradores. No puedo precisar la cantidad de palomas que volaban entre el monte y el palmar, pero estoy seguro que, siendo tantas, forman parte de la alimentación de diversos predadores.  Encima de un árbol, como si de un mangrullo se tratara, había una pareja de Gavilanes utilizando su desarrollado sentido de la vista para seguir la trayectoria de posibles presas. Los caranchos también tomaban sus lugares en la fiesta.

Además de con innumerables carpinchos, tuve un encuentro cercano, con otro mamífero que, aunque forme parte del orden carnivora, también come fruta y es uno de los responsables de la dispersión de semilla de las YataySe trataba del zorro cangrejero o aguaraí ,y  no era uno, sino tres que se disponían a cruzar el camino, atentos a los vehículos de algunos visitantes del parque que emprendían la retirada por el mal tiempo.

En los siguientes días, volví a encontrar a otros, comprobando que en el palmar abundan y que seguramente la oferta de su alimento también. Los vi en el arroyo, en el camino y mismo en el camping bien temprano.

A la vuelta de la caminata me agarró la lluvia. No era fuerte ni duró mucho pero, mientras intentaba proteger la cámara, un auto se detuvo y el conductor me ofreció llevarme los km que me faltaban hasta el camping. No quería molestar. El hombre insistió y subí. Resultó ser biólogo y estar trabajando en el área.  Me aportó algunos datos interesantes que le agradecí tanto como el transporte porque los días que me quedaban los pensaba dedicar a las largas caminatas por el pastizal y el palmar, promediando por encima de los 15k diarios.

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