El Palmar, Entre Ríos ( 1 )

Crucé el puente internacional  General Artigas, que une las ciudades de Paysandú y Colón, feliz de ir a conducir la moto sobre la mítica ruta 14, al norte. Cuando le respondí al funcionario de migraciones argentino que me dirigía al Parque Nacional El Palmar, enseguida me dijo: Buenaso, que lo disfrutes.  Había visto algunas fotos y también leído sobre el área, pero acampar allí, superó mis expectativas. Con provisiones suficientes para cocinar varios días, recorrí los 46km que dista desde Colón.  Sabía que si llegaba a Ubajay, significaría que me había pasado y no me costó recordarlo porque me gusta que un pueblo tenga por nombre el de un árbol nativo de la región  y mucho más si es uno que produce frutas comestibles. De todas formas, no precisé el dato porque estaba bien señalizado. Me llamó la atención en el camino que, junto a carteles de Prohibido Cazar, habían puesto otros que anunciaban Escabeche de Yacaré.  En Argentina existe una tradición de parques nacionales y áreas protegidas muy arraigada. Los primeros en formar parte del sistema que los administra fueron Iguazú y Nahuel Huapi, en 1934.  Esto, si bien es admirable, no quiere decir que toda la población entienda su razón de existir y sepa comportarse en ellos. Una vez registrado en la entrada y con los folletos y el planito guardados, transite los 12km de ripio y arena que conducen al camping y área de servicios. En ese tramo me pareció avistar a una pareja de viuditas grises (monjitas en Argentina), pero no lo corroboré hasta algunos días después. Lo que sí me quedó claro es que el parque es el hogar de muchísimos carpinchos, los roedores más grandes que existen en la actualidad en todo el mundo y que, en lugares como este, pastan, nadan y se embarran bajo la protección de guardaparques.

Aproveché una promoción que me habilitaba a 4 noches acampando y armé la carpa en el rincón más alejado, debajo de un molle de los matecitos añoso y que ofrecía buen reparo.  Si bien este árbol es muy común en la zona en la que he vivido los últimos años, tiene estatus de vulnerable a nivel global por pérdida de habitat. Me parece una planta maravillosa porque aloja muchas formas de vida en su cuerpo. El caso que más llama la atención es el que le da su nombre vulgar en Uruguay. Los tales matecitos se tratan de agallas o cecidias que son estructuras tumorales inducidas en el mollle por una especie de lepidóptero llamado Cecidoses eremita , una polilla. La larva de ésta se alimenta internamente de tejido vegetal hasta completar su desarrollo y, entonces, realiza una incisión circular por la que sale, en estado adulto, al exterior. Pero en algunas ocasiones no es una polilla quien sale por el opérculo, sino una avispa que la parasita, viviendo su etapa larvaria en el interior de la larva de la polilla. De esta manera, ejerce un control biológico que permite el equilibrio entre las poblaciones de Cesidoses eremita y de molles de los matecitos.molle-2

Las urracas me habían acompañado por todo el viaje en el norte de Uruguay, pero aunque fáciles de ver, tampoco es que se portaron confiadas. En el palmar no sólo actuaban sin miedo sino que me robaron varias veces algunas galletas y comieron maní rompiendo la bolsa que lo contenía, sin ningún pudor, sobre la mesa de la parcela que ocupé.urraca-2

Alimentar animales silvestres es un error porque se los vuelve dependientes de la comida que se les ofrece, limitando sus habilidades para obtenerla sin ayuda y además los alimentos industriales no están en su dieta, por lo qué, no sabemos que consecuencias puedan tener en sus organismos. Pero estas urracas y otros animales que fui conociendo en los siguientes días parecen estar muy acostumbrados a rebuscarse con las provisiones de los campistas, por más que haya carteles que adviertan de la prohibición de interactuar de esta forma con ellos. Una par de días después ya se quedaban encima de la mesa mientras tomaba mate, como lo hicieron las calandrias en la Quebrada de los Cuervos.urraca-5


En la primera tarde bajé hasta el arroyo Los Loros, un afluente del Uruguay rodeado de tierras inundables, cubiertas por cientos de huellas de aves y mamíferos, muy pobladas de sarandíes y sauces criollos y aunque tuve que volver antes de lo que quería porque los insectos venían formando oscuras nubes por mi sangre, decidí que no iría a ningún lado sin llevar la cámara ya que todo el tiempo surgían situaciones que quería registrar.dscn4568-2

En el sustrato próximo al agua, diversas mariposas libaban sales disueltas. Entre ellas me encontré a la que llaman Ochenta, por el increíble diseño que tiene en el envés de las alas.dscn4535-2

Regresando, sobre un espinillo nos vimos las caras con el Boyerito y más adelante un sonido, que no podía determinar quien lo emitía, me llamó la atención. Así conocí al Gavilán Patas Largas y a su hermoso plumaje azul.

dscn4544-2dscn4516-2Había llegado al Palmar con unos pocos objetivos en mi lista y como estaba ya por anochecer, sabía que llegaba el momento de concretar el primero. Apronté el mate y las baterías y me senté a esperar el suceso en el lugar preciso.   La gente y su cultura, a un lado  y otro del río Uruguay, no difieren mayormente. De hecho se da un intercambio fluido entre ambas poblaciones. Personalmente el nacionalismo me puede durar lo que un partido de la Celeste cuando mucho, pero desde adolescente tengo presente que las fronteras entre países son arbitrariedades políticas que sólo han servido para dividir hermanos a favor de intereses macroeconómicos y que son funcionales al control social. Tomarlas en serio y más en latinoamérica, es un acto ignorante que sustenta el poder de quienes necesitan a la gente dividida. Los variados rasgos físicos, los acentos locales, las diferentes cosmovisiones, son muestras de diversidad y eso significa mucha riqueza, no un motivo para odiar al otro. Así y con todo, en los recuerdos de la infancia de muchos entrerrianos de campo, hay un personaje que dificilmente esté presente en los de sus pares uruguayos. En Entre Ríos hay vizcachas y a esos roedores, que abandonan su madriguera al ocaso, es a quienes quería ver.

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Vizcacha y su vizcachera.

Combatidas como plaga de la agricultura en todas las provincias argentinas donde habitó, sus poblaciones han retrocedido en número e incluso se han dado extinciones locales. Dentro del área protegida viven a sus anchas y pueden ser observadas por los visitantes que se deciden a pernoctar o al menos a esperarlas hasta su hora de salida. Pude apreciar, cada noche que acampé, su complejo sistema de comunicación basado en chillidos, gruñidos y otros sonidos parte de su íntima convivencia social. Muchas tardecitas después de que abandoné el camping y también la provincia, volví a pensar: Ahora deben estar saliendo las vizcachas.  Durante mi estadía, cada día me percaté de nuevos detalles que me hicieron imaginar lo verdaderamente rico que fue el litoral del río Uruguay, antes de que la agroindustria tomara las riendas generando el estilo de vida y la forma de producir que han reducido a ecosistemas como el palmar a pequeñas reservas que hoy sólo son una muestra de lo que la naturaleza originó en estas tierras.

6 comentarios en “El Palmar, Entre Ríos ( 1 )

    1. Gracias chavo. Me alegra mucho que te guste. Ahora estoy en Paraguay, rodeado de amigos de los que aprendo a hablar en guaraní. Pronto voy a tener wifi de nuevo para subir fotos e historias de mis días en Corrientes y mi último mes en Paraguay, esta tierra donde me tratan como a un hermano y que me nutre de nuevo conocimiento a cada minuto que pasa. Pero la señal es muuuy mala en la selva paranaense. Abrazo grande!

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