Valle Edén (parte 1)

Continuando el viaje hacia el norte por la ruta 5, el paisaje empezaba a cambiar sensiblemente y, a la altura del arroyo Malo, ya se parecía muy poco al de los campos del sur del país.   Si bien pensaba seguir sin parar hasta la ciudad de Tacuarembó, la presencia del cerro Batoví me obligó a una pausa para admirarlo con mas detalle. Es un símbolo del departamento y está representado en el centro de su escudo.

En lengua guaraní, dueña de la toponimia local, el nombre del cerro significa seno o teta y no creo que haga falta explicar la razón.        Como pocas provisiones necesitaba para seguir, sólo paré a comprar un poco de fruta en la ciudad, y así continuar por la ruta 26 hasta el destino. El muchacho que me despachó, luego de preguntar hacia dónde iba, subrayó que no podía perderme el Pozo Hondo, si pensaba quedarme en el Valle.  Se trata de un salto de agua del arroyo Jabonería, ubicado a pocos km de Tambores, sobre el que había leído algunas referencias y estaba muy interesado en conocer.  Tomar la 26 siempre es un viaje aparte. Sus paisajes son serranos y hermosos en buena parte de su recorrido y a pesar de que tiene fama de muy deteriorada, no está fuera del promedio de las rutas del país. Con cuidado, puede ser transitada tranquilamente y observar cerros, flora y fauna, si uno no va corriendo mucho.  En el camino al Valle ya me encontré con un ave que sólo conocía por fotos, alimentándose de carroña producto de choques con animales en la ruta.

Me pregunté quién era su acompañante, siendo que en las guías dice que en el Chimachima no hay dicromatismo sexual y muchos días después supe que el marrón, con un plumaje más críptico, se trataba de un juvenil o pichón grande. Como viajé despacio, deteniéndome a mirar y tomar fotos, llegué al camping al atardecer, donde me recibió la señora que está a cargo, nativa del Cerro de la Ventana, y que ahora considero una amiga que vive en el Valle, junto con el casal de pavas de monte más mansas que haya visto nunca, muy acostumbradas a andar cerca de la gente que acampa allí y de los visitantes de fin de semana que llegan desde Tacuarembó y otras localidad cercanas.

Descansé muy bien en la carpa y a la mañana siguiente ya salía a explorar el arroyo. Aunque es llano, la manera de cruzarlo sin mojarse los pies es por el puente colgante.

Muchas aves, algunas propias del norte del país, abundan en el monte del Jabonería. Ya durante la primera noche había escuchado, claramente, el griterío de las bandurrias. En mi viaje anterior había avistado muchas en Treinta y Tres y Rocha. Lo que no sabía es que éstas no eran bandurrias moras, sino amarillas o bayas. Cuando estaba intentando fotografiarlas, el dueño del almacén, que está enfrente al camping, salió a mi encuentro y me ofreció que entrara a su predio y subiera el cerrito, donde iba a poder tomarlas desde más cerca, ademas de aprovechar la buena vista que, desde allí, ofrece del valle.


Esa mañana y todas las mañanas y tardes que estuve acampado, fui visitado por una bandada de escandalosas urracas, comunes en el norte del país pero poco conocidas en el sur, por lo qué, siempre me llaman mucho la atención. El almacenero se quejó de que, a ellas, les gustase comer los huevos de sus gallinas. Tiempo después corroboré que otras aves las enfrentan para defender sus nidos.

Ya rumbo al pozo, encontré a una pareja joven con su niño de 4 años, de nombre indígena que me gusta mucho, y les pedí indicaciones para el camino. Su explicación fue tan detallada que anduve los casi 8km sin errores y deteniéndome en puntos estratégicos para apreciar el paisaje. Estos muchachos, de trato muy agradable, son muy conocedores del lugar y es muy recomendable contactarlos para hacer alguna excursión guiada, por lo qué, si alguien está interesado, puedo servir de conexión.

El pozo no defrauda en cuanto a belleza, encontrándolo lleno, como fue en esta oportunidad. Y en el monte circundante es posible encontrarse con muchas especies de aves grandes y muy pequeñitas por lo qué es un buen ejercicio aguzar los sentidos para percibirlas.

La canción de Benavidez dice que Tacuarembó es el país de la cina cina, y estoy seguro de que se trata de una licencia poética porque el departamento alberga una diversidad vegetal tal, que un aplicado botánico, podría escribir una enciclopedia sin salirse de sus límites. Si me preguntaran, lo que sé que nadie ha hecho, diría que es el país del palo de fierro, por su belleza y por facilitar alimento y abrigo a tantas formas de vida. En muchas fotos, las aves están posadas en alguno de sus abundantes ejemplares.

De cualquier manera, la sierra es diversidad y no me parece que ninguna especie sea más importante que otra. Algunas muy pequeñas cumplen funciones fundamentales y la belleza aflora, a veces, en formas minúsculas.

Unas cinco o seis horas después, retornando, me volví a encontrar con mis nuevos amigos. Enseguida me invitaron para subir al cerro y conocer La Cueva del Chivo. Al día siguiente pensaba hacer la caminata a Las Marmitas pero les aseguré que no dejaría el Valle sin aceptar el ofrecimiento. Durante todo el camino me acompañaron los cuervos de cabeza colorada o buitres americanos, y pensé: + Tranquilos!, tengo mucho que andar antes de que les ceda mi carne como alimento. Las pavas de monte con las que me cruzaba huían solo de verme, lo que comprobaba la involuntaria domesticación de las que duermen y anidan en el camping.viudita-blanca-chica-1Pasé por delante del Museo de Gardel, crucé las vías del tren, cerca de la vieja estación, luego el puente colgante y regresé al campamento. Pero todavía quedaban más eventos para ese día. Próximo a mi carpa, se había instalado con la suya, el legendario motoviajero conocido como el Gurú, con su incasable Miracles. Rapidamente comenzó la charla y el intercambio, en el que me aportó muchos datos y contactos de gente y lugares para parar cuando llegue al Paraguay. Participaba la señora del camping, contando historias de la zona, ocurridas en décadas anteriores. Más tarde, como me hacía falta un buen baño caliente, ella me facilitó la llave de las duchas. Por cortesía, le pregunté a mi compañero si se la dejaba luego, para que también las aprovechara, a lo que respondió: *Yo ya me bañé en Caraguatá. La señora, sin ninguna pereza, replicó al instante: – ¿Y en que año pasó por allá?.dscn3366-2 Un día maravilloso terminaba junto al Jabonería y era necesario descansar porque estaba dispuesto a salir caminando, luego de unos mates y junto con el sol del día siguiente.

4 comentarios en “Valle Edén (parte 1)

  1. Impecable!!! La narración que se enriquece entre descripciones y reflexiones del autor son atrapantes. Seguiremos de cerca el blog para leer más!

  2. hermoso e interesante tu material ,es uno de mis lugares favoritos .aun no los conozco ,pero ya llegara el dia .FELICITACIONES !!! adelante .

    1. Gracias por el comentario. El acceso a Valle Edén es fácil y todo por caminería buena. El camping es económico y muy completo. Además de paisajes y biodiversidad, hay personas que es muy grato conocer en la zona. Cuando me fui, acababa de llegar un muchacho de 25 años con su bici, desde Maldonado. Estaba emocionado y sorprendido por como lo habían tratado, en su primera salida a la ruta, la gente que fue encontrando en cada paraje donde acampó. Es que la mayoría de las personas tienen buenos sentimientos y actitudes, sólo que los que no los tienen hacen más ruido. Ya se empezaba a plantear salir de las fronteras y recorrer el continente pedaleando. Eso sí que es lindo!! Saludos desde el Paraguay.

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