Paso de los Toros

Una vez que el ciclón extratropical de setiembre 2016 abandonó el sur y este del Uruguay, salí al camino para un nuevo viaje. Esta vez, más largo y lento.

Ni bien pude, estaba sobre la ruta 5 avanzado hacia el norte, con Paso de los Toros como primer parada en la que armar la carpa.    Varios fueron los puentes, sobre cursos de agua de diverso caudal, que crucé antes de llegar al Centenario, sobre el  Río Negro, ese enorme tajo que divide al país en dos. Y a pesar de que sentía ganas de parar en varios de ellos, sólo me detuve unos minutos en un  muy crecido, ya cubriendo parte del parque 33 orientales en Durazno. Un rato después entraba a la planta urbana de la que se llamara Santa Isabel en su fundación, lo que determinó que el el gentilicio de los pobladores de Paso de los Toros siga siendo isabelinos. La zona y su población son ricas en historia, desde tiempos precoloniales, y están intimamente relacionadas con el río. No es casualidad que, la ciudad, tenga un barrio llamado Charrúa.  El nombre original del Paso General de los Toros, hace referencia a la fuerza de aquellos hombres que ayudaban a cruzar tropas y carretas en el paso y que eran conocidos como hombres-toros.

A las 11 de la noche ya estaba por meterme en el sobre y dormir con la idea de estar recorriendo a pie desde la salida del sol. Seguro iba a ver muchas aves. Pero uno de los funcionarios del municipio me avisó que las compuertas de la represa, río arriba, habían sido abiertas y que probablemente amaneciera adentro del agua. Tuve que mover el campamento unos 200 metros, a medianoche.  Cuando salió el sol, el lugar, donde había armado la carpa en un primer momento, ya estaba rodeado. Se trataba de una pequeña elevación del terreno que ahora asomaba como una isla y que, más tarde, también fue tragada.  De todas formas , con las botas en el agua, salí a caminar siguiendo algunas de las indicaciones de un amigo que pasó buena parte de su vida en la zona y tiene el corazón divido entre esta ciudad y el Cerro de Montevideo.

Las calles y fondos de las casas de los barrios más próximos al río eran escenario de imágenes como las que se ven en las fotos. Los patos y pollas de agua nadaban donde el día anterior andaban las bicicletas o pastaban los caballos, las jacanas caminaban sobre la vegetación que flotaba donde había estado tomando mate al llegar y una garza y el Martín Pescador Grande pescaban entre las ramas y basura urbana que arrastraba la corriente. Le pregunté a un señor qué haría la gente si el agua seguía subiendo, a lo que respondió: disparar para más arriba.  Claro que no se trataba de la inundación de 1959 ni mucho menos, y la dinámica de moverse con el agua está más que asumida en todas las poblaciones del Uruguay localizadas junto a ríos y arroyos.

La caminata fue muy fructífera en cuanto a observación y logré avistar algunos bichos desde bastante cerca. Por primera vez me encontré con una pareja de Hornerones a la que pude fotografiar con relativa facilidad sobre los fresnos próximos al camping El Sauce. Las golondrinas estaban en plena actividad, cazando insectos y tomando agua al vuelo en la superficie del río. Comprobé que ya habían empezado a anidar y que si bien muchas elegían agujeros y recovecos del propio puente que disputaban a las abundantes palomas, otras se ubicaban en lugares más apartados, como las que vi dentro de los faroles que iluminan el parque.  Más allá del estadio municipal Omar Odriozola, donde empieza la zona suburbana y los vecinos tienen algunas vacas que ordeñan y otros animales de granja, encontré varias garzas amarillas o chiflones, caraos y carpinteros, entre otras aves. Durante todo el camino me acompañaron sabiás y zorzales con sus complejos y hermosos cantos. Sin duda, la primavera estaba llegando.


Luego de 5 horas de caminata y conversa con los muchachos de la cuadrilla municipal, que trabajaban preparando el camping para la temporada, decidí seguir viaje rumbo a Tacuarembó capital, con intención de llegar al Valle Edén esa tarde y quedarme algunos días. De la charla con los muchachos me quedó una anécdota que me hace reír cuando me acuerdo. Me estaban enumerando varios de los muchos músicos, artistas plásticos y escritores nativos de la ciudad. Entonces les comenté:  +También está Benedetti, ¿no?. La respuesta que obtuve fue: * Nacer es lo único que hizo acá el viejo. Se fue de chiquito. Yo nunca lo vi tomando mate en el parque.benedetti

Sin duda, Paso de los Toros tiene muchísimo más para conocer que lo poco que pude apreciar en menos de 24 horas, durante las que ni siquiera completé las recomendaciones que tenía. Por eso, es muy probable, que más adelante vuelva a visitar este enclave del Hum, el poderoso río que pronto tendrá que vérselas con las consecuencias de la construcción de una nueva planta industrial de procesamiento de pasta de celulosa, que políticos con prioridades muy enfermas han decidido permitir.

3 comentarios en “Paso de los Toros

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