Invisible

Cuando entro a Montevideo, me siento como un astronauta que vuelve de lugares remotos del cosmos.

¿La gente en la capital sabe de todo esto?, me preguntaron, de una forma u otra, varios paisanos del interior profundo haciendo referencia a su vida cotidiana, a lo que sienten, a su modo de sustentarse, a las cosas que observan todos los días, a lo que les hace sufrir o alegrarse.

Hace mucho que abandoné la capital y aun sigo encontrando nuevas razones para haberlo hecho. Pero la ciudad no es solo el asfalto y la gente que vive en la planta urbana, sino toda su influencia en el resto del paisaje exterior; los interminables monocultivos y demás actividades extractivistas que la alimentan en detrimento de los ecosistemas que le permitieron existir. 

Aun así, qué resiliente es la naturaleza! Cómo admiro esa voluntad de vivir y diversificarse. Cuánto disfruto abstraído en la observación, sorprendiéndome con cada nuevo descubrimiento personal. Y cómo es difícil no entristecerse al percibir el avasallamiento que ese mundo antiguo y profundo soporta, casi en silencio, como un esclavo.

Un veterano, en La Charqueada, se me acercó y me preguntó: ¿ud está para la fauna? . No sé, puede ser, le dije, ahora estoy sacando fotos a las golondrinas. Me había agarrado desprevenido, pero pocos instantes después, su prosa concentraba toda mi atención. Ese señor, de manos enormes y arrugas como cicatrices, me contó historias duras, claramente representativas de la vida de taipero, trabajador del arrozal, que absorví con gran interés. Además me enumeró un vasto catálogo de vertebrados del Cebollatí y de la Laguna Merín. Siempre me emociona y me alegra conversar con la gente local en cada pago y mucho más cuando sus relatos provienen de la profundidad de su ser, de su conocimiento adquirido en primera persona, a través de la experiencia.  Evidentemente en el arrozal sobrevivió el feudalismo mucho después de la revolución industrial y junto con el padecer obrero, la flora y la fauna han tenido que enfrentar el drenaje artificial del agua dulce y el crecimiento del paquete tecnológico aplicado a sus áreas de distribución. Llegando al final de la conversación, me comentó que había tenido que ir a Montevideo por diferentes motivos, que ir a la ciudad no le hacía gracia ninguna y que había evitado hacerlo por años. Entonces le conté una táctica que me da resultado. Camino en la ciudad, como camino en el monte, como si fuera invisible, aunque en realidad no lo sea, y eso es todo.

Cebollatì 2
Ceibos en la orilla del Cebollatí.

Para cerrar, cabe aclarar que no tengo una aversión especial hacia mi Montevideo natal y que la prefiero a muchas otras grandes ciudades. Estoy consiente del arbolado que la distingue y de las aves que en él habitan, de su  porción de costa sobre el Río de la Plata, de la vista desde el Cerro que domina toda la bahía, del Jardín Botánico que lleva el nombre del profesor Lombardo y de la fértil fusión cultural de las oleadas humanas que la formaron, por opción o a la fuerza, durante sus ya casi 300 años de historia, entre otras cosas. Es sólo, que un poco por elección y otro por devenir, me volví bicho y los bichos huyen cuando pueden.

Cebollati 1
El río Cebollatí desde La Charqueada. En la rivera de enfrente destacan las palmeras Pindó.

5 comentarios en “Invisible

  1. Belleza en la naturaleza, en tus palabras. Una página hermosa donde a través de tus ojos conocemos un poquito mejor a nuestro querido Uruguay. Felicitaciones! Adelante!

  2. Que lindo y que sierto es todo esto, me parece muy bueno que se te halla ocurrido documentar todo esto y compartirlo. Te conozco hace muchos años, bueno en realidad me conoces vos desde que era un niño y andaba con los pies descalzos en el barro. Me ayudaste mucho y aprendí muchas cosas de vos. Sos una persona bondadosa, muy rico en conocimientos y mi único amigo. Los mejores deseos para tu entendimiento y para adelante!!! Abrazo

    1. Gracias por tus conceptos, me emocionas muchísimo. Estoy muy contento de que hayas salido a conocer el Uruguay con tu compañera e hij@s. Viajar desarrolla el pensamieto y amplía el corazón. El regalo que les hacés es invaluable y la experiencia queda para siempre en la memoria. Estoy muy orgulloso de ser tu amigo. Nos vemos en Uruguay en unos meses. Abrazo grande mi hermano, desde el Pantanal.

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